miércoles, 11 de febrero de 2015

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | ELLOS, SOY YO. CADA UNA DE ELLAS, TAMBIÉN.


Soy yo. Pero también soy ellos. Cada uno de ellos.
Ellos viven en mí. Dentro de mí.
Soy la luz que divisan al final del túnel. Su faro. Su candil.
Su triste canción de abril.
Soy sus brillos, sus destellos.
Soy su reflejo.
Su lámpara. También su sombra. Y su espejo.
Vivo sus vidas, todas ellas, dentro de mí.

Vivo y sobrevivo como un aprendiz
en lo profundo de sus dramas.
Cuento en silencio sus días.
Su historia también es mía.
Pago por ello cara mi soledad
con mi desvarío. Con mi desatino.
Pago caro sus melancolías.
Sus fobias. Sus manías.
Su desprecio. Su falta de claridad.

Pago caro este peaje.
Este insoportable peregrinaje
al interior de mi propio ser.
En esta ocasión no llevo máscara,
disfraz o antifaz que me oculte, todo queda atrás.
Lo insustancial, la cáscara,
lo banal queda arriba protegiendo mi fobia social.
Éste es un profundo viaje
sin apenas alforjas ni equipaje
a mis álter ego, a mis otros yo. A mis personajes…
Al interior mismo de mi quimera.

Ellos, entretanto, siguen girando en mi interior
sin tregua; como alimañas, como buitres de carroña,
como bestias insatisfechas,
como un sanguinario y vil depredador.
Siempre en su locura. Siempre en su niebla, en su boira,
en su noria.
Sin más acierto
que el desconcierto.
Sin más camino,
sin más acera, sin más salida, sin más destino
que el destino que sugiere la confusión de mi mente,
la ambigüedad de mi silencio.
O, tal vez, mi desacierto.
Torpeza que propone el caos de mi propio laberinto;
ellos cabriolan dentro de mí, enérgicos, despóticos.
Melancólicos, irónicos, crípticos, escépticos…

En todo caso, sin más existencia,
sin más ánimo, sin más muerte,
que la suerte
que impulse y decida
mi imaginación en cada frase, en cada renglón, en cada texto,
en cada vida,
en cada verso…
Estipulando en cada uno de ellos, quién y por qué, unos sobreviven
y otros, en cambio, permanecen por los siglos silentes e inertes.
Insuflando, a unos, la circunstancia precisa.
Creando, en otros, en un tiempo inexistente,
en un tiempo que no sé medir,
pues sólo me limito a esperar, a presentir,
cómo súbitamente va dándose la forma.

Y cómo, todo sucede,
acontece, sobreviene.
De qué modo, van a mis entrañas accediendo.
Cómo las piezas se van engarzando,
como perlas, unas sobre otras,
como si de un extraño puzzle se tratara.
Cómo encajan. Cómo, sutil, la idea parpadea intuitiva y penetra.
Cómo la arquitectura se va realizando, se hace a mis ojos perfecta.
También el aura, la fortuna y la desventura.
Todo lo que se enjuiciaba confuso; palabrería inconexa e insensata,
ahora como un sortilegio se rearma, se anuda, se perfila, se desata.

Y el trance y el percance se alinean
cobrando sentido.
Es el instante, es el sino;
que, sin reparar de forma consciente en ello, automático predestino;
creando, configurando, el hado final: es el guión. Es la letra.
Así, vehemente, como el excéntrico y omnipotente geómetra,
mi mente transida va por su cuenta calculando, quién y por qué,
unas se convierten, se hacen
átomos y tenues vuelan hacia la luz. Y otras que también nacen,
en cambio sucumben e indolentes se marchitan. Se deshacen.

Unas,
para hacerse inmortales, danzan a la sombra de mi luna;
bailan al son de mi fantasía,
de mi entelequia.
Bailan al son de este interminable folio con irreverente alevosía;
escondidas tras la melancolía
de mi pluma.
Las otras, las que construyo y luego deshago,
las que consumo y elimino en este amargo trago,
sólo viven para morir en el acontecimiento, en el hecho, en el estrago,
en el verso fútil y aciago
que en ocasiones compongo y más tarde asesino. Más tarde apago.

Aunque todas,
unas y otras, todas ellas,
por encima de mis noches de insomnio,
por encima de mis noches de ceguera y locura,
por encima de mis mundos, mis lunas y mis estrellas,
son parte de mí. Son mis signos.
A ellas me doy. A ellas me entrego. A ellas me asigno.
Es lo que tanto amo. Son mi vida. Son mis letras.
                                                            
                                                            

José Hdez. Meseguer
La Ambigüedad Del Silencio
Murcia, 10/11 de febrero de 2015