lunes, 31 de octubre de 2016

CIEN PALABRAS. CIEN POEMAS. [014] MEFÍTICO INTERÉS [Parte Segunda]



Con estas letras llego al final de la cita,
hermana.
Descifrando exactamente de dónde emana
tu miserable forma de ser.
Es triste, pero he de resolver
y guardar mis penas. Sabiendo ahora bien el porqué de mis cuitas
y mis sospechas.

Han sido maniobras tan bien trazadas, tan bien hechas,
que de no producirme vómito
tu repugnante e infame juego, lo admito,
serías la más puta entre las putas.
Aún no lo sabes, no. Así que disfruta
del veneno que me inyectas.
Porque, la misma pócima que de inquina ahora me mata,
hace que tú para mí ya estés muerta.

                                                               
José Hernández Meseguer
Cien Palabras. Cien Poemas.
Murcia, 25 de julio de 2017

domingo, 30 de octubre de 2016

CIEN PALABRAS. CIEN POEMAS. [013] MEFÍTICO INTERÉS [Parte Primera]



Me harían falta más de cien palabras
para expresar el aborrecimiento
que recorre mi alma.
Me haría falta la calma
que transformas en furia por decir lo que siento
y escupirte el odio que apenas contengo.

Joder,
otra como aquél;
hemos tenido que crecer,
hacernos viejos para dejarnos ver
como somos;
con qué mezquindad trocamos
el cariño que ayer entre nosotros atesorábamos
para convertirlo hoy en fulana, hermana, del mefítico interés.

Resulta patética tu forma de proceder.
Has decidido morir «contando»;
no sabes qué hacer
para seguir engordando,
en tu fiebre avarienta,
las cifras de tu cuenta.
Lamentable, miserable mercader.




José Hernández Meseguer
Cien Palabras. Cien Poemas.
Murcia, 25 de julio de 2017




                                                                                                                               

sábado, 29 de octubre de 2016

CIEN PALABRAS. CIEN POEMAS. [012] LA PÁGINA EN BLANCO



El vértigo desalmado de la página en blanco
que, ahora, asesinar intento.
El crespúsculo que, vencido, se desmorona ante mí, certero;
que agoniza,
que se marcha y sólo me deja en su huida
la terrible huella, la espantosa herida
que recordar no preciso, que recordar no quiero.

Las cenizas,
los restos de aquel naufragio, los rastrojos,
las letras que nunca llegué a escribir, convertidas en tristezas,
quedaron prendidas en mi memoria en manojos
de silencios.

¿A qué viene, entonces, este sigilo rugiendo?
¿Por qué llega, entonces, este desánimo en sollozos irrumpiendo?
¿Por qué, entre mis necias emociones, continúo aún escribiendo?

                                                                           

José Hernández Meseguer
Cien Palabras. Cien Poemas.
Murcia, 03/06/2017



viernes, 28 de octubre de 2016

CIEN PALABRAS. CIEN POEMAS. [011] VERSOS DE SAL



Lloró el poeta frente al mar
versos de sal.
Mientras una luna boquiabierta palidecía.
Mientras las olas en la playa silenciosas rompían.
Mientras su amor de otoño de olvido moría.

Lloró el poeta frente al mar
versos de sal.
Mientras la tarde su tristeza recogía.
Mientras la noche de puntillas sobre el puerto languidecía.
Mientras la vida lentamente, en sigilo, moría.

Lloró el poeta frente al mar
versos de sal.
Mientras la esperanza desaparecía.
Mientras las letras se convertían en poesía.
Mientras la gente, ausente y distante, sonreía.

Lloró el poeta frente al mar
versos de sal.
Qué extrema hipocondría.



José Hernández Meseguer
Cien palabras. Cien Poemas.                                                                      
Altea / Murcia, 24/05/2017




jueves, 27 de octubre de 2016

CIEN PALABRAS. CIEN POEMAS. [010] LUZ Y OSCURIDAD




Sabiendo lo que somos. Sabiendo lo que fuimos;
que nos mirábamos y comprendíamos,
que nos mirábamos y entendíamos.
Que nuestras miradas volaban en la misma dirección.
Que nuestros ojos coincidían solicitando lo mismo…
¿Cómo hemos pasado, sin darnos cuenta,
en esta ironía, en esta tormenta,
a ser olvido?
¿Qué ha sucedido?

¿De qué forma hemos pasado de la luz a la oscuridad?
¿Del beso a la indiferencia?
¿De la coherencia a la vulgaridad?
¿De la presencia a la ausencia?
¿Cómo hemos podido?
¿Cómo hemos pasado a convertirnos
en espectros de este atroz abismo,
en extraños, en sombras del más allá…?

                                                       

José Hernández Meseguer
Cien Palabras. Cien Poemas.                                                                        
Callosa de Ensarriá, 13/05/2017


miércoles, 26 de octubre de 2016

CIEN PALABRAS. CIEN POEMAS. [009] TU BOCA...



Es entonces, cuando advierto que tus labios
se acercan tibios de deseo a mi cuerpo,
cuando presiento que mi ser va a estallar en mil pedazos.
Es entonces, cuando voy tensándome. Cuando me tenso.

Mis músculos se tornan rígidos, voy intuyendo el aumento
del gozo.
Del deleite sin límite. Del dulce placer inmenso.
Es entonces, cuando voy sintiendo
cómo trepan; cómo, lentamente, van ascendiendo
en mi interior volutas de deseo;
delirantes espirales de suspiros, jadeos y lamentos.

Y al contacto de tu boca sobre mí,
subiendo y bajando,
no puedo evitar la tormenta que se forma en mí,
y reviento.

                                                                                 

José Hernández Meseguer
Cien Palabras. Cien Poemas.
Murcia, 22/04/2017



martes, 25 de octubre de 2016

CIEN PALABRAS. CIEN POEMAS. [008] RETRATOS EMPAÑADOS



No me dejaré arrastrar.
No me dejaré llevar por esta hambre oculta.
Por este envilecido sentimiento que se enreda en mi interior.
Por esta penuria que me asusta.
Por este depravado y turbio rumor.

No me dejaré arrastrar por imaginarios cantos de sirena;
por acontecimientos empapados de caricias, grietas y rocas.
Por anhelos. Por playas inexistentes. Por quimeras.
Por tornadizas arenas.
Por rituales que yo sueño y tú sin pudor convocas.

Por traumas hechos deseo. Por retratos empañados. No quiero.
No quiero sucumbir al espejismo.
No quiero lanzarme al abismo
indecente de mi apetito. Así me maldigo. Así lo prefiero.



José Hernández Meseguer
Cien Palabras. Cien Poemas.
Murcia, 03/04/2017



lunes, 24 de octubre de 2016

CIEN PALABRAS. CIEN POEMAS. [007] | DISTOPÍA



Esta distopía
que genera mi alma de forma continuada.
Este brutal desaliento. Esta esperanza asesinada.
Esta tropelía.
Este abuso de melancolía.
Esta permanente e inútil rebeldía.

Esta hambruna
de palabras que jamás me sacia.
Que huyen.
Que escapan mientras fluyen,
buscando, anhelando otra vida, otra primavera.
Que rechazan mi mirada; mi ya fatigada quimera.

Esta sed arrolladora que no concluye.
Que zarandea,
que pasea,
que sacude, que construye,
en la noche bruna
mi angustia…

Así sucede: Que extravié en el camino de regreso la ambrosía.
Sólo queda de aquella ilusión una imperceptible utopía;
y toda una tribulación inevitable y mustia.


                                                                       
José Hernández Meseguer
Cien Palabras. Cien Poemas.
Murcia, 27-28/09/2016

domingo, 23 de octubre de 2016

CIEN PALABRAS. CIEN POEMAS. [006] | CANTÓ PARA TI…



Cantó para ti sus últimos versos…
Murió, sin tú saberlo, preso de sus besos,
en una noche estrellada.
Huyó de la fantasía, se hizo mayor y circunspecto;
necio e introverso.

Dejando antes escrito, entre la noche y la alborada,
que de pena su corazón moriría, se marchitaría.
Que su luz, en la melancolía, en sombras se convertiría.
Que su vida, su camino, su senda, su universo
se vendrían abajo sin remedio.

Que su equilibrio, sus emociones, quedarían
dañadas para siempre sumidas en el abandono, en el tedio,
donde agonizamos aquellos
que, por los destellos
y los espejismos, sucumbimos cada día.


                                                                           
José Hernández Meseguer
Cien Palabras. Cien Poemas.
Murcia, 19/05/2016



sábado, 22 de octubre de 2016

CIEN PALABRAS. CIEN POEMAS. [005] | TU RECUERDO EN MI RECUERDO…



¿Por qué llegas de nuevo y te infiltras como un ladrón en mi mente?
¿Por qué llegas, y de repente,
después de tanto tiempo,
de tantos besos caídos, de tantos lamentos,
te cuelas en mi pensamiento;
y anidas, y depositas
tus recuerdos en mi recuerdo,
y con auténtica impiedad desalojas el mundo gris que me habita
para mostrarme un ayer moribundo e inerte, que sólo aletea,
sólo gravita
en el pasado; en la soledad del bardo que para siempre dormita?

¿Para qué te alzas?
¿Por qué, desde la oscuridad, me hablas?
¿Por qué, si no supiste amarme en cien palabras?

                                                                           
                                                                           

José Hernández Meseguer
Cien Palabras. Cien Poemas.
Murcia, 19/05/2016


viernes, 21 de octubre de 2016

CIEN PALABRAS. CIEN POEMAS. [004] | LLEGÓ EL CÓMITRE



Llegó el cómitre y asesinó mis sueños,
mis ansias, mis esperanzas, mis empeños;
destrozó mis velas, mi barca,
desvalijó mis poemas; forzó, saqueó el arca
donde atesoraba mis ilusiones.
Rompió en pedazos mis albores.
Marchitó mis colores.

Llegó el cómitre y destripó mis pretensiones,
avivó con su burla mis indecisiones.
Llegó y hundió sus zarpas en mis heridas;
abrió de par en par mis llagas.
Dejándome exhausto ante la vida
que sin embargo para mí comenzaba.

Llegó el cómitre,
verdugo del tiempo y los años,
y tras casi sesenta desengaños,
sólo dejó en mis ojos el amargo sabor del salitre.

           
                                                                           

José Hernández Meseguer
Cien Palabras. Cien Poemas.
Murcia, 27/04/2016



jueves, 20 de octubre de 2016

CIEN PALABRAS. CIEN POEMAS. [003] | PUEDE…



Puede que no fuera abril.
Puede que no estuviese enamorado de ti.
Puede que sólo fuese un delirio febril.
Puede…

Puede que mi sueño infantil,
mi extraña juventud, volátil, versátil,
se diluyesen entre la edad y el tiempo.
Puede que mi vida sólo fuese una cometa
al viento
en mis ansias de poeta.
Puede…

Puede que jamás te soñara.
Puede que mi soledad falseara
tu imagen en mi memoria. Puede que el cielo añil
que mi juventud imaginara
nunca haya existido. Pero también puede que no me acuerde de ti,
porque, con tu desprecio hacia a mí,
mi amor mataras.

                                                                           

José Hernández Meseguer
Cien Palabras. Cien Poemas.
Murcia, 9/ 04/ 2016



miércoles, 19 de octubre de 2016

CIEN PALABRAS. CIEN POEMAS. [002] | LLUEVE EN LA CIUDAD



Llueve en la ciudad.
La tarde que cae, inunda mi melancolía.
Crece, silente, una oscura ansiedad
que me alcanza, me traspasa con su invisible melodía.

Es la extraña música que, una vez más, me devuelve
al pasado. A ese pasado que deambula infame, inerte,
en las aristas de mi alma.
Y que, a golpes de versos me envuelve,
me secuestra, me transforma en silencio, en bruma.

Musita tiempos pasados en mi oído.
Me trueca en olvido.
Aletea en mi instinto.
Me convierte, de súbito,
en mi propio poema; en mi propio escrito.
En mi propia tristeza. En mi propia pluma…


                                                                                 

José Hernández Meseguer
Cien Palabras. Cien Poemas.
Murcia, 5-6/04/16

martes, 18 de octubre de 2016

CIEN PALABRAS. CIEN POEMAS. [001] | SÓLO FUERON CIEN PALABRAS...



En cien palabras olvidé mi niñez
y eché a andar aprisa por la vereda.
En cien palabras soñé mi vida.
En cien palabras me llenaste de alegría.
Abril florecía.
Para después, en otras cien,
llenarlas de soledad, sombra y agonía.

Sólo fueron cien palabras.
Qué pocas resultan.
Qué pocas parecen para lacerar una sonrisa.
Qué pocas se antojan.
Qué leves ahora se posan
mientras evoco, prendido a la madurez,
la forma en que viví. El modo en que amé.

En cien palabras me olvidaste.
En cien años olvidaré
que la existencia no es
más que cien palabras en un papel.

                                                                             
                                                                             
José Hernández Meseguer
Cien Palabras. Cien Poemas.
Murcia, 2/04/2016


lunes, 17 de octubre de 2016

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | DESDE EL ODIO [ Y OTRAS SOMBRAS ]



Es tan larga,
tan despiadada, tan amarga,
tan cruel la espera,
mientras asciende en mi interior este salvaje estremecimiento…
Fue tan fugaz, tan leve la brisa,
tan breve el viento,
que marchitó mis últimas sonrisas;
tan brutal el asesinato de mi recién estrenada primavera…
Fue tan honda la herida
que aún mantiene la llaga en carme viva;
que se retuerce con saña
dentro de mí. Que empaña
con tanta fuerza, con tanta espesura
mi ánimo… Que sólo, de entre todos mis intentos,
de entre todas mis hazañas,
sobreviven el odio y la locura.

Porque junto a mí creces
en la oscuridad como una espina, como una bestial alimaña.
Porque te sostienes del aire que respiro, de mis entrañas.
Porque vigilas mis pasos.
Porque te retuerces
de satisfacción con mi dolor, con mis fracasos.
Porque te esparces
dentro de mí como un charco de sangre,
como una ciénaga de lodo, dentro de mi alma.
Porque me dejas prendido al miedo que produce la noche.
Porque desvalijas de golpe
mi escasa serenidad, mi exigua calma.
Porque destruyes mis ansias.

Porque yo también, a la vez, me nutro de ti,
de tu siniestro instinto.
Porque hace tiempo que mataste en mí,
lo poco de bueno que quedaba, dejándome sólo el vacío;
el vacío, y esta enorme tormenta interior, este caudal, este río,
este hastío, este desafío.
Este silencio que no se apaga,
Este silencio que a gritos me castiga;
me apalea, me tortura, me fustiga.
Esta huella, esta inquietud, este resentimiento
que me impide caminar hacia adelante, que me retiene.
Que me aparta, me detiene.
Que me mantiene
atento en un mundo, en una raza, en una especie en la que no creo.

Así de desalmado es este lacerante equipaje;
este impagable peaje.
Esta pesada carga.
Esta existencia anodina y bastarda.
Este desconcierto. Esta ineludible hipocresía. Este arreo.

Este reconcomio que me azota, que me eleva a la impiedad.
Que me sumerge en mi propia miseria, en mi propia ansiedad.
Este beso de Judas que me corrompe.
Esta desmedida traición.
Esta permanente frustración.
Esta puñalada a cambio de nada.
Esta mirada que ya no mira, que ya no dice nada.
Esta maldición que me envenena, que me sangra, que me rompe…

Esta fobia que me secuestra, que en sí misma se sustenta.
Este resquemor, que en el escepticismo se argumenta.
Esta fiera, que en el interior de mis sombras anda suelta.
Este rencor que me daña. Este encono que me atormenta.
Este odio, que desde el odio de mi roto corazón, de mi esencia se alimenta.

                                                                                 
                                                               

José Hernández Meseguer
La Ambigüedad del Silencio
Murcia, 17 de octubre de 2016



jueves, 8 de septiembre de 2016

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | AHORA QUE LOS SILENCIOS DICTAN RECUERDOS…



Y me quedé mirando al mar. A su azul profundo. Inmenso.
El sol, en silencio, se debatía
en su agónica caída hacia el ocaso;
un combate que, a diario, ganaba y perdía.
Pero, ahora, convertido en una refulgente bola de fuego herida,
únicamente era oro líquido derramado en mi memoria.
Viento del sur. Fragancia nocturna. Sueños al alba. Incienso.

Recordé tiempos pasados. Recordé otros atardeceres.
Y vi desfilar, ante mí, en un instante, gigantescos ayeres,
convertidos en soledades.
En tremendos golpes, en crueles realidades,
azotadas por olas que un día
fueron versos, poemas, canciones;
ahora sólo alzadas a la grupa de mis heridas, entre los renglones
de mi vida.

Confuso, advertí que el recuerdo de nuevo vomitaba
tiempos y nombres. Nombres y datos. Datos y horas.
Horas e instantes. Instantes eternos, que en mi recuerdo moran.
Que en mi recuerdo vagan.
Que en mi recuerdo crepitan.
Que en mi recuerdo hablan.
Que en mi recuerdo habitan.

Recuerdos que, en ocasiones, me tienen atento, cautivo, inmerso
en los recuerdos que yacen.
En los recuerdos que emergen.
En los recuerdos que me sumergen.
En los recuerdos que me elevan, me hacen
arañar versos…

Y me quedé suspendido,
sin llanto ni lágrimas mirando al mar.
Me quedé sin ojos con los qué llorar
por lo que ya lloré.
Imperturbable contemplé
en la bahía, el atardecer;
sabiendo que esos momentos, que una vez fueran cable de espino,
habían llegado bien a su puerto. Certeros a mi alma. Bien a su destino.
Y que, atinados y ensangrentados como viles asesinos,
se marchaban para no regresar.
Mi intuición no se mentía, de sobra sabía
que contentos y satisfechos en el desastre cometido,
una vez que habían dejado para siempre el corazón sometido,
no habían de volver.

Ahora es tarde para volar.
Ahora es tarde para soñar.
Ahora es tarde para esperar.
Tarde para esperar la señal del viento.
Tarde para escuchar su gemido de niño, para su lamento.

Cae perezosamente, ante mí, el crepúsculo en óleos rosados.
Con dagas, con lanzas, con fechas, con retratos del pasado.
Todo me susurra que la breve historia ha terminado.
Todo va oscureciéndose. Las sombras alargan sus dedos en el recodo.
Los temblores de nuevo despiertan.
Los miedos de nuevo se alimentan.
Inmortales
recuerdos letales,
que a mi espíritu regresan
cada oscurecer como lobos.


                                                   
José Hernández Meseguer
La Ambigüedad del Silencio
Murcia, 03-08 de septiembre de 2016


lunes, 5 de septiembre de 2016

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | LA SOLEDAD ME HABLÓ…



La soledad me habló. Me habló de ti. Me habló de mí.
Me habló del tiempo que viví.
Del tiempo que perdí.
Pero, sobre todo, me habló de lo inútil que es ser maestro y aprendiz…

La soledad me habló de tantas anécdotas, ya desdibujadas,
en esas noches de trepidante angustia,
que me dio pánico advertir cómo la flor de mi mocedad, ahora mustia,
se ha ido quebrando despacio ante la mirada
monocorde, estoica y ajada,
del reloj de cuerda. Para dejarme, de aquello que soñé, apenas nada.

Apenas nada de aquello por lo que luché.
Apenas nada de aquello por lo que surqué
otros paisajes, otras lunas, otras miradas,
otros besos,
otros universos,
otras noches estrelladas…

Y solo ante mi cielo, ante mis esperanzas descuartizadas;
solo ante mi reflejo, ante mi llanto, ante mis impetras,
presentí que el hado, en un gesto de desidia, se burlaba.
Para dejarme, en su abandono, sólo con el silencio de mis letras.

La soledad me habló desde la zozobra de las sombras.
Con calma, me habló de un fugaz  tiempo de rosas.
La soledad me habló de amor, de desamor, de otras tantas cosas…
Mas, de súbito, también, de cómo me mostró sus afiladas espinas.
Era su plan, sí. Su destino. Su sucio propósito. Su meditada inquina.

Y prestas, éstas, bailaron para mí. Ante mí, como musas siniestras.
Aviesas, burlonas, divertidas, danzarinas.
Enfurecidas. Enloquecidas.
En el ruido. En el silencio. Provocadoras. Atrevidas.
Pero hasta reventar mi alma. Hasta atravesar mi vida.
Con ella, tras ella, se fueron todos mis argumentos, todas mis ansias.
Todas mis fantasías, dejando perpetuamente abiertas las heridas.

La soledad me habló, desde el espejo, de cómo, mi risa,
quiso fugarse de mí una mañana, una tarde, un día;
de mis deseos, de mis empeños.
De cómo huyeron, sin saber de qué forma, mis sueños
sin llegar a hacer nada de cuanto deseaba, de cuanto quería;
y de cómo, aún hoy, acudo a esta torpe, inservible y absurda letanía.

También, de cómo, entonces, se desplomó indignamente mi vuelo,
dejándome caído,
mortalmente herido,
en este gris, anodino y sucio suelo.
Haciéndome deambular, abatido,
sin rastro de confianza, sin bálsamo ni consuelo.
Doblando, una a una, casi todas las esquinas
de mi existencia. Naufragando de verso en verso,
bajo las luces distorsionadas y ambarinas
de mi, cada vez más, pequeño universo.

La soledad me habló de esas noches
en que, de nuevo, emergen los monstruos, los fantoches
del recuerdo, las aflicciones del pasado; en esas oscuridades
débilmente iluminadas por mis grafemas.
En esas oquedades abiertas al vacío del alma. A la infinita pena.
En esas cenizas que provoca e invoca la memoria.

En esos instantes en los que pareciese que el alma se desgrana.
Para advertirme, que este viaje, que es vivir, no admite jaculatorias.
Que en este sinuoso recorrido, en esta delirante y frenética noria,
que es la vida, no cabe el llanto ni la nostalgia becqueriana.
Porque todo es hostil. Porque todo es febril. Y los errores se pagan.

La soledad me habló esquivando mi desasosiego;
echándose como una alimaña encima de la página aún en blanco, del pliego…
No existe, dijo con voz antigua y pétrea, con voz de sal y arena,
mayor castigo, mayor decepción, mayor frustración,
que tus propias quimeras; que tu propia tu gehena…

Pues, lo que pretendiste en la adolescencia como vocación,
como liberación, no sería finalmente tu mejor canción;
no sería tu más rutilante composición
como cantautor.
Sino, como cautivo de tus silencios,
como eterno aspirante a poeta y escritor,
tu mayor condena.


                                                     
José Hernández Meseguer
La Ambigüedad del Silencio
Murcia, 01/03 de septiembre de 2016

viernes, 19 de agosto de 2016

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | DIOSES DE BARRO [Parte Tercera].



Lo he intentado. Juro ante mi Dios que he intentado
con furia desmedida retirarme de tu vida. De tu historia.
Juro que he batallado, avivando mis pecados y la miseria
de mi necio ser,
para tacharte para siempre de mi memoria…

Pero algo ha fallado.
No sé qué ha podido suceder,
tal vez pudiera ser
que la escasa piedad que aún habita en mí me haya maniatado.
Haya amordazado mi resentimiento. Porque hoy, al verte, al mirarte,
aun invocando a mis demonios a despreciarte,
me ha resultado imposible. Como imposible me ha sido poder odiarte.

Ha sido inútil tratar de desenfundar el sable.
Inútil intentar engrosar, al mirarte a los ojos, el cable;
el puñado de emociones que aún sostienen mis heridas.
Todos los recuerdos que, como sombras,
deambulan prendidos a mi alma maltrecha y aterida.

Tampoco desparramar el rencor, el desprecio
que aún acumula mi pasado gracias a tu amargo carácter violento
y egoísta. A tu inexistente afecto, a tu falta de aprecio,
de calor, de complicidad, de abrigo…
Y sin embargo, ¡ya ves!, me digo
con ironía, qué torpe ha sido el intento.

Porque a pesar de lo pasado. A pesar de lo sucedido.
A pesar de no haberme sentido por ti jamás querido.
A pesar de hacerme atravesar bajo las horcas caudinas
de la humillación, la indolencia, la hostilidad, la inquina
y el olvido;
todo lo que hoy deben retener, sin acritud, mis pupilas,
en esta tarde macilenta, que, ante mi mirada, ajada declina,
es la triste imagen de un espectro solo, encorvado y vencido.

           
                                                           

José Hernández Meseguer
La Ambigüedad del Silencio
Murcia, 18/19 de agosto, de 2016



jueves, 23 de junio de 2016

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | DIOSES DE BARRO [Parte Segunda].



Te anuncio, te prevengo, te advierto,
hoy, veintitrés del presente mes,
miserable mercader,
que he de verte caer
rendido y morder
decrépito el polvo.

Ese día que llegará, lo sabes y lo sé, antes que después,
te observaré sereno, impávido y torvo.
Y te aviso: no tendré lágrimas que derramar para ti;
las que tenía por tu culpa casi todas, otrora, las vertí
antes de tiempo.
Y ese preciso día,
aun cuando el alma sólo en un instante de debilidad se me haga trizas,
he de lograr tener la misma indiferencia que, hoy, tú, sobre mí deslizas.
La misma infame maldad que en tu alma con tanto ahínco cotiza.

Y en silencio, mientras te observo
exánime, vencido y corvo
vagar por corredores de mármol, descubriré a mi corrompida memoria
todo el rencor. Me diré, que en esta diabólica rueca que es la vida,
en esta inmunda y patética noria,
todo se acaba pagando. Y el que vivió, como tú, soberbio, arriba,
ha de tener en cuenta, que también cae, que también baja.
Mi silente satisfacción será perversa. Perversa y sin medida.
Tan infeliz y desalmada como el recuerdo que tengo de mi infancia.
Tan feroz e inhumana como el filo de mi navaja.

Y he de mostrar, aun a riesgo de que Dios no dispense mi pecado,
mi mueca más rastrera;
mi malicia más despiadada, mi hipocresía más postiza y lastimera.
Aunque tras ella andará a mi lado,
siempre presta, siempre alerta, siempre viajera,
la inquina que, aún hoy, te empeñas en mantener viva y guerrillera.
Y, por tanto, casi intacta conservo.

Todo ello, será sin duda así,
mientras te observo
exánime, vencido y corvo.
Todo ello, será sin duda así,
mientras advierto
cómo se inicia de nuevo en mí
el veneno más remoto y oculto.
El odio más enfermo y grotesco.
El rostro más acerbo.
El gesto más protervo.

                                                                           

José Hernández Meseguer
La Ambigüedad del Silencio
Murcia, 22-23/06/2016



martes, 7 de junio de 2016

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | LA PRIMERA Y ÚLTIMA VEZ…



La primera y última vez que creí en ti, abril florecía
en los aleros. Tímido, abría
violento sus colores y sus olores a una tarde
que sin saberlo moría.
Mi alma, como siempre, se debatía
entre mi turbia realidad, mis anhelos y mis titubeos
entre lo acertado, lo desatinado y mis deseos.
Y, cobarde,
mi ánimo en su interior ardía.
Se consumía.

La primera y última vez que te recordé,
mi angustia trepaba por tus recuerdos herida.
El alazán de mis espejismos
veloz corría,
tan raudo como galopan fugaces e involuntarios los entusiasmos.
Sin saber entonces, que, incautos,
iban directos al abismo.

La primera y última vez que te presentí,
mi pequeño mundo no era de color añil;
el rostro de la vida no me sonreía,
pero, aun así,
mi temperamento,
pese a ir en contra del viento,
no permitía a mis ansias estancamientos.
Y nada ni nadie, ni siquiera tú, me detenías.
Y aunque ya volaba con las alas rotas
por el desamor y la melancolía,
y en mis acordes, en mis notas,
se derramasen con ímpetu diminutas gotas
de un pasado oscuro, nada, ni siquiera tú, contenías
lo que en mi interior con virulencia hervía.
Claro que por entonces yo aún creía.
Aún gozaba, aún tenía
un hilo de esperanza
hilvanado a mi ensueño,
a mi entereza,
a mi ambición, a mi empeño,
a mi confianza…

La primera
y última vez que te soñé,
aún venías hacia a mí,
sonriendo, vestida de genista.
De primavera.
Todo estaba por hacer, por descubrir.
Y prendido de tu mano, aquel nuboso mes de abril,
comprendí que no estaba solo, cuando elevé hacia a ti la vista.
El mundo, ahí afuera,
nos aguardaba en cada recodo, en cada arista,
en cada esquina.
Aunque sería
la propia vida, sin embargo,
la que, en un siniestro y brutal encargo,
se ocuparía
con excesiva crueldad y vehemencia
de confiscar mis sueños, convirtiendo, posteriormente, en anodina
mi existencia.

La primera y última vez que te soñé, sólo soñé que existías.
Pero nada de aquello era cierto.
La vida, harta de su vida, se había envilecido
con ella misma y conmigo,
y me engañaba;
acuchillaba mis ilusiones
en cada paso.
Se hacía más y más diabólica en cada uno de mis fracasos.
Asesinaba mis proyectos.
Sólo me brindaba alucinaciones,
falseando mi reflexión; alterando por amores los afectos
y en engalanadas amistades las más obscenas traiciones,
hipnotizando, así, mis insensatas emociones
por decisiones y juicios del todo imperfectos.
La vida, ahora lo sé, únicamente me embaucaba;
me enviaba artificiales cantos de sirena, mensajes incorrectos,
besos desdibujados, adulterados y abyectos.

La vida, por el hecho de ser vida,
no sólo no me ofrecía,
no sólo no me procuraba,
no sólo no me aportaba,
sino que me sustraía;
la vida me robaba
las pequeñas cosas que todavía
me quedaban,
que aún poseía,
abriéndome a cambio heridas…
Y por el contrario, el amor que tanto sentía,
que tanto había imaginado,
que tanto había idealizado,
con pánico al final descubría,
que no había sido
más que una fantasía,
una entelequia, una locura mía…

Yo, y no tú, vida,
fui el único culpable en esta loca y absurda travesía
envuelta en resplandores que, en realidad, no existían.
Pues era yo solo, quien, mendigando amor, se mentía.


                                                                                   

José Hernández Meseguer
La Ambigüedad del Silencio
Murcia, 7/06/2016


domingo, 8 de mayo de 2016

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | ESCRIBIR, SIEMPRE ESCRIBIR… [5]



Escribir, siempre escribir…
Y pese a ello, entrever, sólo con cierta curiosidad, cómo se adentran
con rencor entre las paredes enmohecidas de la remembranza,
agujas, espadas, alfileres, espetones afilados como lanzas,
dispuestos a herirme cada vez que me muevo.
Cada vez que intento, que procuro, que acometo
el afán de enterrar mis instintos en la recóndita nebulosa de las letras…  

Escribir. Siempre escribir…
Escribir para descubrir
que sólo escribiendo seré como conclusión más fuerte.
Desafiando, al final del camino,
mi propio destino
y mi suerte;
perdurando, gracias a ellas, más allá de la muerte.

                                                                           
                                                                                 
José Hernández Meseguer
La Ambigüedad del Silencio
Murcia 1/ 06/ 2016

sábado, 7 de mayo de 2016

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | ESCRIBIR, SIEMPRE ESCRIBIR… [4]



Escribir, siempre escribir…
Distinguir…
Cómo aún aletea en las agrias comisuras de la memoria,
la oración oculta, la complicidad inadmisible, la jaculatoria
imposible, el misterio repleto de miradas, de fuego, de deseo…
De las caricias que se anduvieron, de los caminos prohibidos, secretos.

Percibir,
en un pálido temblor,
en un leve pero reconocible dolor,
que el tiempo pudo no haber pasado
aunque, ahora, haya quedado atrás;
que pudo no haberse dormido
aunque, ahora, no lo alcance.
Que pudo no haberse marchitado
aunque, ahora, no lo roce.
Que pudo no haber sucumbido
aunque, ahora, no solloce…
Sabiendo desde siempre,
que aquellas titilantes luces de septiembre,
que entonces me hiciesen estremecer, no han de regresar;
porque el tiempo, para bien o para mal,
no vuelve la mirada jamás…


                                                                                   
José Hernández Meseguer
La Ambigüedad del Silencio
Murcia, 1/06/2016


viernes, 6 de mayo de 2016

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | ESCRIBIR, SIEMPRE ESCRIBIR… [3]



Escribir, siempre escribir…
Y huir.
Sólo por evadirme. Sólo por vivir.
Sólo por morir un poco dentro de mí.
Sólo por escribir.
Sólo por desvestir
de nuevo mis tristezas.
Y, así,
entre luces y sombras,
resistir.
Resistir este vaivén que sin duda me somete, va reduciendo
mi alma a cenizas mientras escribo; mientras sigo escribiendo.
Todo porque anhelo escribir existiendo.
Por escribir sobreviviendo.
Sobreviviendo por batir
mis torpes alas en este despiadado latir.
Sólo por escribir soñando.
Sólo por soñar escribir.
Por escribir recordando,
sin olvidar que un día he de morir…

Escribir en la noche, con la noche, bajo la noche;
atrapado por los fantasmas que habitan el recuerdo. Por los fantoches
que en la oscuridad florecen y devoran al hombre.
Escribir preso
en la oscuridad del alma, en la confusión
que invade, que aflige, pero alimenta la evocación
del beso pretérito. Tal vez, del ayer, la furtiva mirada.
Quizás, súbitamente, aquel nombre.
Aunque ahora es muy tarde para ese dilema, para ese proceso;
ahora, su inquieto revoloteo, apenas me diría nada.
Ha caído demasiada desolación
sobre mis poemas.
Posiblemente, ahora, apenas me hablaría;
apenas suscitaría mi pasión,
mi hipocondría,
apenas apreciaría, apenas sentiría
su calor. Su irrefrenable fervor…
Definitivamente, ahora, es tarde para eso.
Todo tiene, en mis indolentes emociones, un sabor
lejano, extraño, confuso, desapasionado, espeso.

Pero a pesar de lo acontecido y vivido,
seguir.
Seguir escribiendo, siempre escribir…
En ocasiones, cautivo
de la angustia, de la quimera,
del poema imperfecto, de la apresurada y marchitada primavera.
Del vértigo que provoca, en un violento silencio, la tiniebla.
Del absurdo tapiz con que la vida,
sólo a medias,
cierra, repleta de indiferencia y apatía, la herida
de la melancolía; la magulladura de la angustia. De la bruma
que llega y se instala en la existencia
de la forma más opaca,
insolente, hiriente, corrosiva,
impertinente, importuna,
obstinada y bruna…

Y esgrimir,
aun así,
desde la zozobra, con insistencia,
la única espada, el único aliado, el brillo de la pluma
como único bastión, como único asidero en la tormenta
que ávida y fantasmagórica se muestra
en el centro de mi ser con absoluta irreverencia;
que rauda se cierne, vertiginosa y agresiva,
sobre las reflexiones de la reminiscencia.
                                                                                   
                                                                                   

José Hernández Meseguer
La Ambigüedad del Silencio
Murcia, 1/06/2016


jueves, 5 de mayo de 2016

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | ESCRIBIR, SIEMPRE ESCRIBIR… [2]



Escribir, siempre escribir…
Escribir en cualquier circunstancia,
pese a saberme lastimado por su vanidad, por su arrogancia.
Escribir, pese a sentir en mi alma sus emponzoñados dardos.
Escribir a tiempo o a destiempo;
crear, inventar, imaginar a la sombra del pensamiento.
Escribir en prosa, escribir en verso.
Pero sentir…
Siempre sentir.
Intuir cómo, ellas, emergen en mi microcosmos, en mi universo.

Percibir cómo se divierten, cómo fluyen,
rápidas o lentas las minúsculas letras.
Cómo danzan hostiles, malvadas, esotéricas, irónicas, siniestras,
ante mí. Cómo se expanden en mi interior. Cómo, al tiempo, huyen.
Cómo emergen y antes de ser atrapadas se diluyen.
Cómo cabriolan en mi mente,
en destellos, un instante, y de repente,
se esfuman; desaparecen en velos de silencio y olvido;
dejándome, a cambio, un sosiego agridulce y vívido
en la pluma, en los ojos, en los labios…

Escribir por escribir.
Escribir por persistir.
Sólo por alejarme. Sólo por soñar.
Pero volar.
Sólo una vez más…
Sólo por soñar ser gorrión amante del cielo.
Sólo por soñar ser gaviota amante del mar.
Sólo, porque este atardecer que desolado se desangra, me llama
con su voz callada,
con su voz desierta,
con su voz lejana,
con su voz antigua,
con su voz en carne viva,
con su voz en llamas…


                                                                                   
José Hernández Meseguer
La Ambigüedad del Silencio
Murcia, 1/06/2016

miércoles, 4 de mayo de 2016

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | ESCRIBIR, SIEMPRE ESCRIBIR... [1]



Escribir, siempre escribir…
Aun no teniendo mucho o nada que decir.
Sobrevolar, escapar
de la realidad que en ocasiones me atormenta,
me fustiga, me castiga, alimenta
esta hipocondría,
esta inútil e insalvable melancolía,
y me hace vomitar.
Huir. Necesito huir. Evadirme, sentirme lejos,
desplegar con urgente necesidad al aire mis alas de pájaro, de vencejo;
escribir e imaginar…
Fugarme y cabalgar.

A veces circunspecto, flemático y lánguido.
Otras, dejando salir mis demonios, delirante y enloquecido;
pertinaz, por las circunstancias,
absorbido, embebido
por mis letras.
Pero siempre, crear soñando, soñando crear…
Escribir, siempre escribir;
sentir en mi mente sus pequeños latidos,
derrotarme, o no, ante lo recordado y escrito.
Y al fin, desfallecido por la llaga, sucumbir.

Escribir, siempre escribir…
Vivir otras vidas, conversar con nadie,
fingir que existes, llorar al viento,
llorar en silencio,
llorar al aire…

Aun así,
aun por mis pensamientos malherido,
escalar sin descanso cumbres de silencios.
Remontar vértigos, acantilados de papel.
Surcar en mi locura extraños cielos de tafetán y oropel.
Subir, bajar,
acertar, errar,
reír, llorar,
desistir, intentar,
perder, triunfar,
reflexionar, madurar,
y vuelta a comenzar…
Serpentear entre renglones,
encallar las palabras en sus laberintos, en sus atolones,
para más tarde, casi siempre airoso, volver de nuevo a navegar.

Inhalar, respirar el aroma que desprende el poema;
la infinita melancolía que en él se hospeda, se deposita,
también la inmensa tristeza que silente le invade, le habita;
la indescriptible pena suprema
que, suspendida en el abismo del silencio, en el barranco
de la afonía de la misma página en blanco,
a gritos me llama;
me convoca, me cita,
me pretende, me solicita,
me emplaza, me reclama…

Escribir, siempre escribir…
Vivir otras vidas, conversar con nadie,
fingir que existes, llorar al viento,
llorar en silencio,
llorar al aire…

Y así, como un acróbata, como un suicida,
continuar sin tregua por el espiritado filo
de la espada de mis propias letras.
De mis propias emociones.
Siendo ese mismo hilo
el que va llevándome a empujones;
siempre entre la realidad y el sueño,
siempre entre la frustración y el empeño,
siempre entre el bien y el mal,
a vomitar palabras y más palabras
siempre para bien o para mal…

Y envuelto en un temporal,
en un vendaval mental;
alojado en el interior de una letal espiral,
morder con ansia el sedal mortal…
Masticar una vez, y otra vez más,
el ansiado bocado, el suculento sustento.
Y al tiempo de sentirme herido,
a veces de muerte, logrando por poco sobrevivir en el intento,
alimentarme como me alimento,
de la idea, del mensaje, del concepto.

Esnifar su esencia, su fragancia,
su melancolía, su aparente ausencia,
su espesura,
su epístola oculta,
su letra menuda,
su quejar;
su llanto,
su canto,
su eterno pesar…

Escribir, siempre escribir…
Vivir otras vidas, conversar con nadie,
fingir que existes, llorar al viento,
llorar en silencio,
llorar al aire…

Escribir, siempre escribir…
Dejar atrás el tiempo y saltar.
Revivir,
resucitar con letras de sal,
en una paradójica nebulosa, el pasado.
Resistir el recuerdo, desafiar con la pluma el verso.
Sobrellevar, cada vez con mayor esfuerzo,
el pesado equipaje con el que me va cargando la vida.
Y sin querer aceptarlo, sin desear saberlo, al final descubrir,
con la mirada quebrada y vencida,
que el ajado y desvencijado espejo,
va siendo cada vez más mi propio reflejo.

Escribir, siempre escribir…
Vivir otras vidas, conversar con nadie,
fingir que existes, llorar al viento,
llorar en silencio,
llorar al aire…


                                                                           

José Hernández Meseguer
La Ambigüedad del Silencio
Murcia, 2- 4 / 05/ 2016

sábado, 23 de abril de 2016

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | PRONTO, MUY PRONTO…



Te observo sin que te des cuenta.
Te observo en un atormentado silencio.
Sin apenas poder hacer nada;
esta vida, despiadada y cruenta,
te va robando aprisa el aliento;
simplemente te está dejando atrás…

Te miro y advierto cómo, cada vez más, se agrieta tu mirada.
Cómo, cada vez más, tus manos ajadas
y trémulas, intentan sin suerte, asirse en el vacío a una esperanza
inaccesible y cercenada.
Cómo, cada vez más, tu voz débil y quebrada,
va convirtiéndose en un hilo de agonía.

Cómo, cada vez más, madre mía,
el destino abyecto, adverso y fatal,
se aproxima y extiende en ti su rostro letal.
Cómo, cada vez más, el dolor permanente te abre llagas;
te abre heridas en tu ya frágil cuerpo de marchitado cristal.
Cómo, cada vez más, tu existencia como una pavesa se apaga.
Cómo, cada vez más, tu lamento es mi tormento.
Cómo, cada vez más, tus gritos de sufrimiento
son mi impotencia, mi zozobra, mi afonía,
madre mía.

Intenta, por Dios, no padecer…
Pronto, muy pronto, tu dolor habrá concluido.
Pronto, muy pronto, cesará
para siempre. Tu mirada
se tornará limpia; encontrará el sosiego suplicado,
la paz ansiada.
Serás libre de nuevo. Tu cuerpo, ahora mortificado,
descansará.
Intenta, por Dios, no sufrir…
Pronto, muy pronto, la angustia habrá terminado.
Y entonces, sólo entonces, podrás
al fin sonreír…

                   
                                                                                     

José Hernández Meseguer
La Ambigüedad del Silencio
Murcia, 23/04/16



jueves, 21 de abril de 2016

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | CALLA…



Calla, no hables, no rompas el silencio que la noche acerca.
Calla, no hables, evadámonos de esta nauseabunda y terca
realidad que nos bordea, nos asedia, nos cerca,
antes de que huir resulte imposible o demasiado tarde…
Ni siquiera musites. No destroces, no dañes, no desgarres
las fragancias, los aromas que la oscuridad propone
antes de que el bullicio de las gentes despedace la magia y aprisione
mis palabras calladas, mis silencios, mis versos,
mis sentidos, mis latidos, mi pequeño universo.

Calla, no hables, fuguémonos en el susurro de una caracola;
en la melancolía de un adiós, en el sigilo de una lágrima
que cae. Que cae y arrasa. Que cae y destruye. Que cae y lastima.
Que cae y asola
mi existencia vacía y sola…
Vayámonos a un lugar que no existe.
A un lugar donde los colores y los olores sean imposibles.
Huyamos a un lugar imaginario e inaccesible.
A un lugar inexistente y remoto, donde el rumor de una ola
no lacere, no cause heridas sólo por ser ayer, sólo por ser pasado.
Y donde el recuerdo dañado
de aquel enigmático adiós sin beso
y la voluntad y los deseos contravenidos, sólo sean recuerdos.
Sólo ecos.
Sólo eso.
 
Ven, acércate a mí. Contemplemos este cielo que en estrellas
palpitantes se deshace, se disuelve, se desgrana.
Pues es en ese preciso silencio cuando el alma moribunda
a los instintos se entrega, se abandona.
Muere un instante el hombre, todo con él cae, se desploma;
todo lo que en su interior como una llaga subyace, arrastra, acuna, inquieta, aprieta,
emergiendo de las sombras otro ser; mi otro yo, el personaje oscuro... el poeta.

                                                                                     
                                                                               

José Hernández Meseguer
La Ambigüedad del Silencio
Murcia, 20-21/04/16


jueves, 18 de febrero de 2016

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | EL ADIÓS MÁS LARGO [AHORA QUE LA MEMORIA…]



Menos mal,
me digo, que en este baile de máscaras, en este carnaval,
aún me queda intacta la memoria
para evocar; ahora que todavía mi recuerdo lo permite, con ironía,
la calamitosa historia
de nuestro patético final.

Aún retengo en el centro de mi desprecio, el melodramático folletín
que me hiciste atravesar, soportar, maldecir, e incluso vivir.
Y también, cómo no, el bochornoso vodevil
al que tuve que, por cojones, asistir.
Mientras, tú, conspiradora y fría;
a mis espaldas, mi desestimada y diabólica arpía,
ya habías practicado con sobrado arte el cubano, el griego y el latín.
Y cuando, haciéndote pasar por mojigata,
sólo interpretabas con auténtica destreza tu mejor papel de actriz.
De ‘femme fatale ’. De víctima. Pero también de infecto reptil.
Pues fue así,
cómo, astuta y ladina, sagaz rata,
trazaste, sabes que lo sé,
en secreto tu plan ‘B’;
tu proyecto, tu propósito, tu meditado y cruel desliz.

Es ahora. Ahora que mis sentidos no te buscan, no te lloran.
Ahora que mi evocación no te extraña, no te añora,
el instante exacto de verte caer.
Porque es ahora, también; ahora que mi memoria aún no falla,
cuando resuenan en mi cerebro todas tus mentiras como letal metralla;
cuando tus palabras huecas todavía se retuercen, rebotan, estallan,
sólo con cierta virulencia en el fondo de mi ser.

Menos mal que en esta historia
sobrevive, me ampara la memoria;
para distinguir, para saber,
que no me harás más daño.
Y dónde, obviamente, no he de volver.
Pues este poema, tal vez,
el más extenso; esta jaculatoria,
cierra con fuerza el libro que ambos tuvimos ayer.

Menos mal, medito, mirando al cielo otra vez,
que me socorre la memoria;
al recordar de qué miserable manera hundiste sin dudar mis sueños
en tu perturbado afán por seguir tu desmedida ambición.
Para eso,
para tan vil proceso,
para tan repugnante acción,
no vacilaste un segundo en serme infiel; en acuchillar mi canción.
Mi canción, mis poemas y mis besos.

Ese era sin duda, así lo sospecho, el precio que tuve que pagar…
Y mientras yo soñaba con regresar,
cada día, al que era nuestro hogar,
muy alejado del amor que simulabas, y de ti,
lo presentí,
tú anhelabas, sin embargo, escapar, huir.
O, simplemente, no regresar.
Tu codicia, tu ansia de poder, era más fuerte que tú misma.
Esa maléfica pócima se transformó en tu propio sofisma.

De esa forma, de tu apetito por aparentar;
de presumir, de sacar panza hasta reventar,
fuiste convirtiéndote en tu propio enemigo.
En tu propio abismo. En tu propio mendigo.
Y de ello, he de ser testigo…
Preferiste, en suma, grandilocuentes palabras de hormigón.
Toda la charlatanería y la oratoria del payaso, del bufón.

La etérea posibilidad de que sonase el cálamo
a la sombra del álamo
te hipnotizó. Tan sólo porque te sentiste reina por un día.
Tan sólo porque te juró que la luna y la Vía Láctea te bajaría.
Cuando su intención, y quizá la tuya, fue iros juntos al tálamo.

Finalmente, abducida,
te esfumaste de mi vida.
Invadida por la emoción. Más veloz que el Talgo.
Con la cabeza repleta de juramentos.
Yo, entretanto, quedé rezando un momento…
Me conozco el cuento: ‘De raza le viene al galgo…

El caso es que la extraordinaria e impía felonía.
La venenosa y sobresaliente ingratitud.
El lamentable procedimiento inmoral de tu desvergonzada actitud,
terminó arrojando sobre las sombras que habitaban mi alma, luz…
La luz que tanto necesitaba. La luz, el desagravio y el raciocinio.
Y, dicho sea de paso,
ahora que con la perspectiva de los años repaso,
el curioso y no menos sanguinario vaticinio…

Muy bien. Perfecto.
Habló con sabiduría el decano prefecto.
Tiempo al tiempo.
Le dijo la noche al viento.
Porque eso, querida, es lo único que tienes. Todo lo que te queda.
De esa vela, no esperes más que cera...

Menos mal que me queda la memoria
para, sabiendo todo lo que sé, presentir cómo será tu caída.
Y cómo, tú misma, por tu avaricia, has de verte destruida.
Cuál ha de ser tu suerte, cuál tu destino
de la mano del charlatán.
Del bardo que te prometió lunas de tafetán.
Y sublimes cielos de cian
cuando sólo eran espejismos, putos charcos de alquitrán…
Del embaucador. Del farsante sin honor. Del malversador.
Del ladrón. Del timador. Del estafador.
Todo eso y mucho más, además de incorregible libertino…

En un futuro no muy lejano con creces pagarás.
A ese individuo, a ese sujeto,
le gustan en exceso las enaguas y el marisco. En concreto,
sin misterio ni secreto,
las almejas.
Eso no lo cambiarás.
Y de otros muchos seriales te enterarás,
antes de que, por la estafa cometida en la empresa ‘Fulana de Tal ’,
tengas que verlo entre rejas.


                                                                           
José Hernández Meseguer
La Ambigüedad del Silencio
Murcia, 16-18/02/2016