domingo, 8 de mayo de 2016

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | ESCRIBIR, SIEMPRE ESCRIBIR… [5]



Escribir, siempre escribir…
Y pese a ello, entrever, sólo con cierta curiosidad, cómo se adentran
con rencor entre las paredes enmohecidas de la remembranza,
agujas, espadas, alfileres, espetones afilados como lanzas,
dispuestos a herirme cada vez que me muevo.
Cada vez que intento, que procuro, que acometo
el afán de enterrar mis instintos en la recóndita nebulosa de las letras…  

Escribir. Siempre escribir…
Escribir para descubrir
que sólo escribiendo seré como conclusión más fuerte.
Desafiando, al final del camino,
mi propio destino
y mi suerte;
perdurando, gracias a ellas, más allá de la muerte.

                                                                           
                                                                                 
José Hernández Meseguer
La Ambigüedad del Silencio
Murcia 1/ 06/ 2016

sábado, 7 de mayo de 2016

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | ESCRIBIR, SIEMPRE ESCRIBIR… [4]



Escribir, siempre escribir…
Distinguir…
Cómo aún aletea en las agrias comisuras de la memoria,
la oración oculta, la complicidad inadmisible, la jaculatoria
imposible, el misterio repleto de miradas, de fuego, de deseo…
De las caricias que se anduvieron, de los caminos prohibidos, secretos.

Percibir,
en un pálido temblor,
en un leve pero reconocible dolor,
que el tiempo pudo no haber pasado
aunque, ahora, haya quedado atrás;
que pudo no haberse dormido
aunque, ahora, no lo alcance.
Que pudo no haberse marchitado
aunque, ahora, no lo roce.
Que pudo no haber sucumbido
aunque, ahora, no solloce…
Sabiendo desde siempre,
que aquellas titilantes luces de septiembre,
que entonces me hiciesen estremecer, no han de regresar;
porque el tiempo, para bien o para mal,
no vuelve la mirada jamás…


                                                                                   
José Hernández Meseguer
La Ambigüedad del Silencio
Murcia, 1/06/2016


viernes, 6 de mayo de 2016

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | ESCRIBIR, SIEMPRE ESCRIBIR… [3]



Escribir, siempre escribir…
Y huir.
Sólo por evadirme. Sólo por vivir.
Sólo por morir un poco dentro de mí.
Sólo por escribir.
Sólo por desvestir
de nuevo mis tristezas.
Y, así,
entre luces y sombras,
resistir.
Resistir este vaivén que sin duda me somete, va reduciendo
mi alma a cenizas mientras escribo; mientras sigo escribiendo.
Todo porque anhelo escribir existiendo.
Por escribir sobreviviendo.
Sobreviviendo por batir
mis torpes alas en este despiadado latir.
Sólo por escribir soñando.
Sólo por soñar escribir.
Por escribir recordando,
sin olvidar que un día he de morir…

Escribir en la noche, con la noche, bajo la noche;
atrapado por los fantasmas que habitan el recuerdo. Por los fantoches
que en la oscuridad florecen y devoran al hombre.
Escribir preso
en la oscuridad del alma, en la confusión
que invade, que aflige, pero alimenta la evocación
del beso pretérito. Tal vez, del ayer, la furtiva mirada.
Quizás, súbitamente, aquel nombre.
Aunque ahora es muy tarde para ese dilema, para ese proceso;
ahora, su inquieto revoloteo, apenas me diría nada.
Ha caído demasiada desolación
sobre mis poemas.
Posiblemente, ahora, apenas me hablaría;
apenas suscitaría mi pasión,
mi hipocondría,
apenas apreciaría, apenas sentiría
su calor. Su irrefrenable fervor…
Definitivamente, ahora, es tarde para eso.
Todo tiene, en mis indolentes emociones, un sabor
lejano, extraño, confuso, desapasionado, espeso.

Pero a pesar de lo acontecido y vivido,
seguir.
Seguir escribiendo, siempre escribir…
En ocasiones, cautivo
de la angustia, de la quimera,
del poema imperfecto, de la apresurada y marchitada primavera.
Del vértigo que provoca, en un violento silencio, la tiniebla.
Del absurdo tapiz con que la vida,
sólo a medias,
cierra, repleta de indiferencia y apatía, la herida
de la melancolía; la magulladura de la angustia. De la bruma
que llega y se instala en la existencia
de la forma más opaca,
insolente, hiriente, corrosiva,
impertinente, importuna,
obstinada y bruna…

Y esgrimir,
aun así,
desde la zozobra, con insistencia,
la única espada, el único aliado, el brillo de la pluma
como único bastión, como único asidero en la tormenta
que ávida y fantasmagórica se muestra
en el centro de mi ser con absoluta irreverencia;
que rauda se cierne, vertiginosa y agresiva,
sobre las reflexiones de la reminiscencia.
                                                                                   
                                                                                   

José Hernández Meseguer
La Ambigüedad del Silencio
Murcia, 1/06/2016


jueves, 5 de mayo de 2016

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | ESCRIBIR, SIEMPRE ESCRIBIR… [2]



Escribir, siempre escribir…
Escribir en cualquier circunstancia,
pese a saberme lastimado por su vanidad, por su arrogancia.
Escribir, pese a sentir en mi alma sus emponzoñados dardos.
Escribir a tiempo o a destiempo;
crear, inventar, imaginar a la sombra del pensamiento.
Escribir en prosa, escribir en verso.
Pero sentir…
Siempre sentir.
Intuir cómo, ellas, emergen en mi microcosmos, en mi universo.

Percibir cómo se divierten, cómo fluyen,
rápidas o lentas las minúsculas letras.
Cómo danzan hostiles, malvadas, esotéricas, irónicas, siniestras,
ante mí. Cómo se expanden en mi interior. Cómo, al tiempo, huyen.
Cómo emergen y antes de ser atrapadas se diluyen.
Cómo cabriolan en mi mente,
en destellos, un instante, y de repente,
se esfuman; desaparecen en velos de silencio y olvido;
dejándome, a cambio, un sosiego agridulce y vívido
en la pluma, en los ojos, en los labios…

Escribir por escribir.
Escribir por persistir.
Sólo por alejarme. Sólo por soñar.
Pero volar.
Sólo una vez más…
Sólo por soñar ser gorrión amante del cielo.
Sólo por soñar ser gaviota amante del mar.
Sólo, porque este atardecer que desolado se desangra, me llama
con su voz callada,
con su voz desierta,
con su voz lejana,
con su voz antigua,
con su voz en carne viva,
con su voz en llamas…


                                                                                   
José Hernández Meseguer
La Ambigüedad del Silencio
Murcia, 1/06/2016

miércoles, 4 de mayo de 2016

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | ESCRIBIR, SIEMPRE ESCRIBIR... [1]



Escribir, siempre escribir…
Aun no teniendo mucho o nada que decir.
Sobrevolar, escapar
de la realidad que en ocasiones me atormenta,
me fustiga, me castiga, alimenta
esta hipocondría,
esta inútil e insalvable melancolía,
y me hace vomitar.
Huir. Necesito huir. Evadirme, sentirme lejos,
desplegar con urgente necesidad al aire mis alas de pájaro, de vencejo;
escribir e imaginar…
Fugarme y cabalgar.

A veces circunspecto, flemático y lánguido.
Otras, dejando salir mis demonios, delirante y enloquecido;
pertinaz, por las circunstancias,
absorbido, embebido
por mis letras.
Pero siempre, crear soñando, soñando crear…
Escribir, siempre escribir;
sentir en mi mente sus pequeños latidos,
derrotarme, o no, ante lo recordado y escrito.
Y al fin, desfallecido por la llaga, sucumbir.

Escribir, siempre escribir…
Vivir otras vidas, conversar con nadie,
fingir que existes, llorar al viento,
llorar en silencio,
llorar al aire…

Aun así,
aun por mis pensamientos malherido,
escalar sin descanso cumbres de silencios.
Remontar vértigos, acantilados de papel.
Surcar en mi locura extraños cielos de tafetán y oropel.
Subir, bajar,
acertar, errar,
reír, llorar,
desistir, intentar,
perder, triunfar,
reflexionar, madurar,
y vuelta a comenzar…
Serpentear entre renglones,
encallar las palabras en sus laberintos, en sus atolones,
para más tarde, casi siempre airoso, volver de nuevo a navegar.

Inhalar, respirar el aroma que desprende el poema;
la infinita melancolía que en él se hospeda, se deposita,
también la inmensa tristeza que silente le invade, le habita;
la indescriptible pena suprema
que, suspendida en el abismo del silencio, en el barranco
de la afonía de la misma página en blanco,
a gritos me llama;
me convoca, me cita,
me pretende, me solicita,
me emplaza, me reclama…

Escribir, siempre escribir…
Vivir otras vidas, conversar con nadie,
fingir que existes, llorar al viento,
llorar en silencio,
llorar al aire…

Y así, como un acróbata, como un suicida,
continuar sin tregua por el espiritado filo
de la espada de mis propias letras.
De mis propias emociones.
Siendo ese mismo hilo
el que va llevándome a empujones;
siempre entre la realidad y el sueño,
siempre entre la frustración y el empeño,
siempre entre el bien y el mal,
a vomitar palabras y más palabras
siempre para bien o para mal…

Y envuelto en un temporal,
en un vendaval mental;
alojado en el interior de una letal espiral,
morder con ansia el sedal mortal…
Masticar una vez, y otra vez más,
el ansiado bocado, el suculento sustento.
Y al tiempo de sentirme herido,
a veces de muerte, logrando por poco sobrevivir en el intento,
alimentarme como me alimento,
de la idea, del mensaje, del concepto.

Esnifar su esencia, su fragancia,
su melancolía, su aparente ausencia,
su espesura,
su epístola oculta,
su letra menuda,
su quejar;
su llanto,
su canto,
su eterno pesar…

Escribir, siempre escribir…
Vivir otras vidas, conversar con nadie,
fingir que existes, llorar al viento,
llorar en silencio,
llorar al aire…

Escribir, siempre escribir…
Dejar atrás el tiempo y saltar.
Revivir,
resucitar con letras de sal,
en una paradójica nebulosa, el pasado.
Resistir el recuerdo, desafiar con la pluma el verso.
Sobrellevar, cada vez con mayor esfuerzo,
el pesado equipaje con el que me va cargando la vida.
Y sin querer aceptarlo, sin desear saberlo, al final descubrir,
con la mirada quebrada y vencida,
que el ajado y desvencijado espejo,
va siendo cada vez más mi propio reflejo.

Escribir, siempre escribir…
Vivir otras vidas, conversar con nadie,
fingir que existes, llorar al viento,
llorar en silencio,
llorar al aire…


                                                                           

José Hernández Meseguer
La Ambigüedad del Silencio
Murcia, 2- 4 / 05/ 2016