viernes, 19 de agosto de 2016

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | DIOSES DE BARRO [Parte Tercera].



Lo he intentado. Juro ante mi Dios que he intentado
con furia desmedida retirarme de tu vida. De tu historia.
Juro que he batallado, avivando mis pecados y la miseria
de mi necio ser,
para tacharte para siempre de mi memoria…

Pero algo ha fallado.
No sé qué ha podido suceder,
tal vez pudiera ser
que la escasa piedad que aún habita en mí me haya maniatado.
Haya amordazado mi resentimiento. Porque hoy, al verte, al mirarte,
aun invocando a mis demonios a despreciarte,
me ha resultado imposible. Como imposible me ha sido poder odiarte.

Ha sido inútil tratar de desenfundar el sable.
Inútil intentar engrosar, al mirarte a los ojos, el cable;
el puñado de emociones que aún sostienen mis heridas.
Todos los recuerdos que, como sombras,
deambulan prendidos a mi alma maltrecha y aterida.

Tampoco desparramar el rencor, el desprecio
que aún acumula mi pasado gracias a tu amargo carácter violento
y egoísta. A tu inexistente afecto, a tu falta de aprecio,
de calor, de complicidad, de abrigo…
Y sin embargo, ¡ya ves!, me digo
con ironía, qué torpe ha sido el intento.

Porque a pesar de lo pasado. A pesar de lo sucedido.
A pesar de no haberme sentido por ti jamás querido.
A pesar de hacerme atravesar bajo las horcas caudinas
de la humillación, la indolencia, la hostilidad, la inquina
y el olvido;
todo lo que hoy deben retener, sin acritud, mis pupilas,
en esta tarde macilenta, que, ante mi mirada, ajada declina,
es la triste imagen de un espectro solo, encorvado y vencido.

           
                                                           

José Hernández Meseguer
La Ambigüedad del Silencio
Murcia, 18/19 de agosto, de 2016