jueves, 21 de abril de 2016

LA AMBIGÜEDAD DEL SILENCIO | CALLA…



Calla, no hables, no rompas el silencio que la noche acerca.
Calla, no hables, evadámonos de esta nauseabunda y terca
realidad que nos bordea, nos asedia, nos cerca,
antes de que huir resulte imposible o demasiado tarde…
Ni siquiera musites. No destroces, no dañes, no desgarres
las fragancias, los aromas que la oscuridad propone
antes de que el bullicio de las gentes despedace la magia y aprisione
mis palabras calladas, mis silencios, mis versos,
mis sentidos, mis latidos, mi pequeño universo.

Calla, no hables, fuguémonos en el susurro de una caracola;
en la melancolía de un adiós, en el sigilo de una lágrima
que cae. Que cae y arrasa. Que cae y destruye. Que cae y lastima.
Que cae y asola
mi existencia vacía y sola…
Vayámonos a un lugar que no existe.
A un lugar donde los colores y los olores sean imposibles.
Huyamos a un lugar imaginario e inaccesible.
A un lugar inexistente y remoto, donde el rumor de una ola
no lacere, no cause heridas sólo por ser ayer, sólo por ser pasado.
Y donde el recuerdo dañado
de aquel enigmático adiós sin beso
y la voluntad y los deseos contravenidos, sólo sean recuerdos.
Sólo ecos.
Sólo eso.
 
Ven, acércate a mí. Contemplemos este cielo que en estrellas
palpitantes se deshace, se disuelve, se desgrana.
Pues es en ese preciso silencio cuando el alma moribunda
a los instintos se entrega, se abandona.
Muere un instante el hombre, todo con él cae, se desploma;
todo lo que en su interior como una llaga subyace, arrastra, acuna, inquieta, aprieta,
emergiendo de las sombras otro ser; mi otro yo, el personaje oscuro... el poeta.

                                                                                     
                                                                               

José Hernández Meseguer
La Ambigüedad del Silencio
Murcia, 20-21/04/16