CONVERSACIONES CON B [2003]

CONVERSACIONES CON B (PALABRAS de AMOR para un CORAZÓN SOLITARIO)


CORAZÓN SOLITARIO

Corazón solitario. De soledades repleta, llena.
Ven, acércate. Mira conmigo la noche, mira las estrellas...
Junta tu alma con la mía... Mira cómo la noche se serena.
Y te devuelve la calma. Se aquieta la herida. Se alivia la huella.
Sé que estás sufriendo corazón solitario.
Sé que te invade la angustia.

Pero mira la noche, en silencio, conmigo,
estoy aquí contigo
para ser calma.
Deja que te bese. Deja que te sienta.
Deja que amanezca. Amanezcamos juntos. Abrazados
como si la vida se nos escapara,
como si nunca fuese a amanecer,
como si nunca amaneciera.










TE MIRO...

Te miro en silencio
y tu serena mirada me devuelve la paz perdida.
No sé qué tienes,
no sé qué me das.
Tu fingida fragilidad me detiene.
Me envuelve, me atrapa, me invita.
Se cuela en mi alma despacio, como una sombra.

Se cuela en mi vida y mi pluma sin querer te nombra.
Me dejas la dulce huella de tu presencia, tu aroma...
Tu intenso aroma.
Y cuando te marchas, tu olor en mis manos te recuerdan.
Y te siguen despacio por la senda que te lleva a casa,
por la senda…










FUERA, LA NOCHE SE ESPARCÍA.
DENTRO, HABÍAS SIDO MÍA...

Ayer fuiste mía.
Fuera, la tarde calcinada, ardía.
Fuera, la tarde herida, moría.
Pero tú, dentro, eras mía.
Me contabas con temor tus miedos
mientras la tarde angustiada se desvanecía.
Y te miraba y te pedía por Dios serenidad y fortaleza...
Te pedía que fueras mía...
Sólo, únicamente mía.
Fuera, la tarde herida se desangraba, moría...

Dentro, seguías siendo mía.
Te enredaste en mi cuerpo
y el mío en el tuyo.
Fuimos uno.
Uno solo.
Anduve con ansia tus caminos
y tú los míos.
Nos amamos.

Exploré cada palmo de tu piel.
Viví, bebí de ti, en ti,
de lo más profundo de tu ser.
De tus deseos
que se hicieron fuego, besos.
Fuera, la tarde languidecía...
Sin detenerse se detenía...
Dentro, te sentía mía.
Llegó la noche. Maldita melancolía.

La noche cálida se abría.
La luna, pálida y eterna, en el cielo estrellado sonreía.
Pero tú seguías a mi lado. Abrazada. Vencida.
Bendita agonía.
Tu cuerpo desnudo junto a mí, hervía.
Fuera, la noche se esparcía...
Dentro, mágicamente, habías sido mía.










POEMA PARA UN SEGUNDO DE TRISTEZA

La tarde se aleja.
Se va alejando.
La tarde languidece.
La noche se va acercando.
Me encuentro solo, tratando
de hacerle un pequeño
poema y sólo me surgen silencios.
Estoy solo aquí
aunque sé que ella, allí,
me está pensando.

La tarde al caer hace un guiño a la noche
que se acerca... Que se va acercando.
Un extraño manto de afonía se aproxima,
se va aproximando.
Me siento triste al recordarla
aunque sé que en la distancia,
ella, me está de nuevo recordando.
 
La noche atrapa a la ciudad.
Las calles se visten de negra melancolía.
Voy a salir a beberme la noche... Y las estrellas.
Por evitar la soledad. Por evitar la angustia.
Por evitar la pena. Por evitar la cobardía
que me invade. Por evitar la ausencia
de estar sin ella.










SÓLO UN POEMA

Sólo un poema para esos ojos que son míos. Pero que son tristes.
Sólo un segundo de ternura desde mi pluma
hasta tu corazón solitario.
Sólo porque sonrías al leerlo. Al mirarlo.
Sólo por devolverte la luz a la mirada.
A esa mirada eterna, franca... Tan mía.
De nadie.

Sólo un momento. Un beso. Sólo un beso. Una fragancia
ahora que se me escapa entre los dedos la tarde.
Ahora que, de nuevo, me invade la distancia.
Ahora que la tarde se aleja
y solo me deja
la dulzura de tu recuerdo.

Sólo es un segundo. Otro segundo de melancolía.
Otro segundo que nace y late al desplomarse el día.
Al sentirte tan cerca pero tan lejos.
Al sentirte tan presente.
Y, sin embargo, al no poder acariciarte, tan distante.










MAÑANA TE VERÉ...

Mañana te veré. Y miraré tus ojos tristes
que nuevamente sonreirán para mí.
Lo haré en silencio. Sin disimulo.
Y me sentiré lleno.

Tu sonrisa será mía. Sólo mía. Mía en exclusiva.
Será como un soplo de aire fresco en mi vida.
Y seré feliz contigo Y olvidaremos la angustia
que nos rodea. Y tú, tú sonreirás.
Y tu mirada, al fin radiante y vívida,
recobrará para mí su perdida luz. La luz perdida.

Mañana te veré... Mañana te veré... Mañana te veré...
Y el brillo de tus ojos se tornará limpio y cálido. Acabará el temor.
Desaparecerán las sombras. El desconsuelo. El dolor...
Y el temblor de tu mirada enamorada nos hará libres.










LA LUZ DE TU MIRADA

La noche,... ha llegado la noche, pero todavía huelo a ti.
Hace muchas horas que no te veo, pero sigo oliendo a ti.
Intensamente. Muy intensamente. Demasiado intensamente...
Mi mente retiene tu frescura.
Tu sonrisa, tu aroma, tu dulzura...
Penetra como una espada
en mi desgastado y roto corazón de poeta.
Y me enamora en cada gesto
esa mirada tan tuya, tan triste
que entre los ojos se te desliza.
Se te asoma. Y me da pena. También tristeza.
Y me pregunto con rabia y tibieza

¿Dónde he estado yo...?
¿En qué mar? ¿En qué firmamento?
¡Qué despropósito!
¡Qué contratiempo!
¡Qué estupidez! ¡Qué pérdida de tiempo!
¿Cómo he sido tan necio?
¿Cómo no me he dado cuenta
si hasta llegar a tu orilla mi vida era una tormenta?
… Si hasta llegar a la luz de tu mirada
mi vida no era... No ha sido casi nada.
Y creía que no me quedaba una sola estrella
que contar...

¿Por qué, entonces, tan alejado de tu playa?
¿Por qué, entonces, tan alejado de tu mar?
Tu mirada triste me apasiona
y me obsesiona.
Y me pregunto con frecuencia
cómo he podido vivir sin sentir tu fragancia.

Cómo he podido vivir sin la luz de tus ojos.
Sin esa luz que tanta luz arroja a mi vida.
Que aleja, que olvida
mis caminos de sal. Toda mi melancolía.
Mis días convertidos en noches...
En noches de amarga y lacerante poesía...
Y en bruma y angustia el triste hastío de mis días...










ANOCHE TE SOÑÉ

Anoche te soñé.
La noche oscura desaparecía.
La luz rosada de la mañana se abría.
Comenzaba a extender sus dedos. Perezosamente se esparcía.
Se colaba despacio en la habitación umbría.
Te soñé, sí, te soñé
pero cuando desperté
estabas a mi lado, dormida.
Te miré.
¡Estabas tan linda!
Sentí que te quería... ¡Cuánto te quería!

La noche había sido larga.
Intensa.
Inmensa.
Hablamos.
Reímos.
Bebimos.
Más tarde, nuestros deseos
fueron trenzándose solos.
Se hicieron besos,
y las caricias ardieron en el fuego de nuestro aliento
que se convirtió en volcán. En ígneo viento.
Y fue aumentando su fuego. Y ese fuego mismo
nos fue llevando a la locura, al delirio,... al paroxismo.

A los vehementes y gentiles brazos de la pasión.
Fuera, en los jardines, una canción...
Una canción de amor se oía.
La luna Nueva se mecía.
Mientras tú yo, dentro, en aquel cuarto, temblábamos.
Hervíamos.
La lava del amor entre paredes mudas
corría.
Mientras, dentro, nuestra piel desnuda
entre jadeantes amores ardía…










Y VUELA HACIA A TI

Rebotan las palabras como ecos lejanos en la inmensa bóveda.
Suenan huecas y tediosas. Casi absurdas.
Mi pensamiento, fuera, recorre espacios infinitos.
Y se asoma desbocado e indómito
a tu hermoso recuerdo.
Dentro, mis pupilas, prisioneras de la estupidez que contemplan,
agonizan en un extraño y confuso lenguaje.
Y mi mente, sin querer evitarlo, se fuga.
Se fuga y vuela hacia a ti.
Miradas que no me importan.
Miradas que no me dicen nada.
Que me observan y acaban
sin decirme nada.

Me siento cansado.
La mirada se me agrieta en los ojos.
El tiempo me parece eterno.
Sólo tu recuerdo, de nuevo,
me rescata de la angustia que me atenaza.
Y mi mente, sin querer evitarlo, se fuga.
Se fuga y vuela hacia a ti.
El reloj no avanza.
La tarde se detiene. Se paraliza.
Se esconde
sin que pueda pronunciar su nombre.
Sólo porque mi boca, desde hace algún tiempo,
sin quizá saberlo,
como un leve murmullo
o, como un eco suave,
está hecha para decir el tuyo.

Y mi mente, sin querer evitarlo, se fuga.
Se fuga y vuela hacia a ti.
Nuevamente.
Siempre.
En un suspiro,
incansablemente.
Y te pienso. Y te sueño.
Y te voy amando con miedo,
con temblor.
Con temblor me acerco
y comienzo.
Y voy aprendiendo
a quererte.
A desearte.
A amarte,
cada día, con mi silencio.










CUANDO MUERE EL DÍA

Una idea en la mente.
Un paseo bajo los árboles.
La calle mojada.
La mañana nublada.
La niebla indolente.
El pensamiento latiendo.
La idea surgiendo.

Paraguas bajo la lluvia.
Mi soledad naciendo.
El vaho de mi aliento.
Recuerdos que emergen.
Bramidos del silencio;
gritos de mi alma,
que a mi alma agrietada sumergen.

Soledad inquietante.
Soledad extraña.
Soledad que invade mi mente
y a mi corazón herido empaña.
Es sólo un minuto,
sólo unas palabras.
Es sólo un poema,
sólo unas líneas prendidas en esta pena.

Camino solo envuelto en la bruma.
Cristales que se rompen; melancolía.
Sal, suave sal de espuma
que me destroza,
que me hiere,
que me invade,
que me amarga,
pero que dejo atrás,
como un mal sueño,… cuando muere el día.
                                                                              



José Hernández Meseguer, 2003
Conversaciones con B
Memorias de un Naufragio




No hay comentarios:

Publicar un comentario