CRÓNICAS entre PINCEL Y PLUMA [1983 / 86]



A MI PRIMER AMOR

Gracias por todo.
Por lo malo y por lo bueno.
Gracias a ti…
descubrí que existían otros mundos
y me elevé sin tener en cuenta
la altura, ni la medida.
Vagaba solo
y de pronto comprendí
que éramos dos  –creí.
Naufragaba en la oscuridad,
víctima del miedo y el vértigo
de la noche; perdiendo fuerzas
por segundos,
caminando entre el bien y el mal,
rozando el abismo.
Y de pronto, apareciste tú,
inundando mi alma;
rescatándome de las sombras
y las quimeras
que se enredaban
en mis diecisiete años
como la hiedra al muro.
Y supe que Dios no me abandonaba.

Y gracias a ti,
toqué puerto y llegué a un mundo
nuevo y desconocido. Fascinante.
Era el amor.
Y sentí la necesidad de enamorarme
y de amar, mas también de ser amado.
Y me enamoré de ti.
Porque, gracias a ti, ya no estaba solo.
Y emprendimos la marcha juntos.
Y supe que Dios estaba conmigo.

Gracias a ti,
supe que el cielo tenía otro color
y la brisa otras fragancias.
Todo era distinto.
La vida me sonreía, porque tú
me sonreías.
Y caminaba sin miedo
porque tú estabas a mi lado
y me alzaba sobre el cielo
sin temor a caer
porque tú me protegías.
Y luchaba contra la adversidad
y los problemas eran fáciles
porque tú me esperabas…
Todo era maravilloso.
Era el amor.
Y supe que Dios estaba a mi lado.

Gracias a ti,
un día, miré a mi alrededor y estaba solo;
te llamé y sólo el eco contestó
a mi grito amargo y desesperado.
Te busqué y sólo encontré silencio.
Revisé, uno por uno, todos mis fallos
tratando de hallar una respuesta…
Y te lloré… Y te supliqué…
Me arrodillé ante ti tratando
de pedir perdón por nada.
Y me arrastré con la agonía
y la esperanza de recuperarte
a cambio de cualquier cosa.
Eras todo para mí; la sangre de mis venas,
el pulso de mi equilibrio,
el eje de mi vida…
Todo fue inútil.
Un grito de angustia en el vacío.
Y creí firmemente que Dios me olvidaba.

Gracias a ti,
aprendí a llorar
con la más infinita amargura.
Y todo perdió su color.
Y la vida su valor.
Y caí destrozado al suelo
con las alas rotas.
Ya no importaba nada…
Estaba solo otra vez.
Y quedé sumergido en las tinieblas
largos y duros otoños…
Y solo y vencido
seguí caminando; monté a la grupa
de los años
odiando mi existencia y tus recuerdos
porque me impedían luchar
y olvidar
que hubo un tiempo feliz
en no sé qué absurdo momento
de mi vida.
Y creí que Dios me odiaba.

Gracias a ti,
mis llagas se fueron endureciendo
y también, gracias a ti,
me sumé a la estúpida comba de la vida
sin ambición, ni ilusión por nada.
Y,… ni te olvidé,
ni acepté mi destino,
pero sí me refugié en mis gaviotas
que nacieron con más fuerza que nunca,
buscando con urgencia la necesidad
de nuevos sueños.
Y cada vez fueron más hermosas
y, cada vez, más fuertes y capaces
de volar con menos temor
hacia nuevos cielos
y hacia nuevos mares.
Y creí que Dios me ignoraba.

Gracias a ti,
fui rompiendo oscuridades
dejando tan sólo penumbras,
que arrastré como cadenas
tras mis pasos por los versos.
Y fue creciendo en mí
otra persona incapaz de olvidar
y de amar; enferma de profundo
odio y realismo.
Un ser, embrión de mi angustia
y de mis noches pobladas de recuerdos,
que me encadenaba sin descanso
al alba brumoso e hipocondríaco.
Y pensé que Dios se burlaba.

Gracias a ti,
descubrí otra persona
dolida y sola,…
taciturna e introvertida
que, al borde del abismo,
deshiló lentamente sus recuerdos
para convertirlos en gaviotas,
más tarde en poemas,…
y más tarde en vino.
Y pensé que Dios me castigaba.

Gracias a ti,
ya nada pudo hacerme tanto daño,
ni abrir más mis heridas.
Ni tan siquiera
la extraordinaria locura
de perder a la persona más pequeña.
Más pequeña y querida.
Aunque, otra vez, la angustia
sacudió mi cuerpo.
Y pensé que Dios era injusto.

Gracias a ti,
dejé de creer, y pensé que el amor
sólo había sido un espejismo. Un error
que sólo había deambulado en mi cerebro
como una borrachera.
Y mis gaviotas se fueron lejos
y se olvidaron de volver por primavera.
Y vinieron las tormentas que inflamaron
mi vacío
haciendo aún más insoportable mi hastío.
Y los colores, ya escasos,
se ahorcaron en la más profunda oscuridad
y la tarde lenta se apresuró
a hundirse en el silencio.
Mi mente se pobló de burlas y ecos
que abrieron quimeras en mi cerebro
y los sentidos me abandonaron
para desbocarse al barranco del vértigo.
Y pensé que Dios era cruel conmigo.

Gracias a ti,
cuando ya nada era posible, desperté;
un rayo furtivo de luz blanca
había entrado en mi ventana
robando la náusea que inundaba mi cuarto.
Y miré al alba crecer despacio,
emergiendo como un dios
desde el vientre del horizonte,
cargado aún de penumbra y sangre.
Y supe que habían pasado nueve
años. ¡Dios mío! –me dije–
qué largo se hace el tiempo
que se pretende olvidar.
Y pensé que Dios jugaba.

Gracias a ti,
llegó el estío como un alazán dorado;
pintando de oro y encarnado
el azul pálido y quebrado
de la tarde. Estaba solo.
Solo y hundido.
Y de pronto, la encontré: me miraba.
Y de pronto, mi estado de apatía
saltó al abismo como un caballo desbocado
y la languidez de mi pulso
se convirtió en un oleaje indómito
que recorrió y sacudió
mi cuerpo violento.
Y los colores se hicieron claros y limpios
y empecé a conocerlo todo:
sin darme cuenta había vuelto.
Y sé, y supe, que Dios y la vida
tan sólo me enseñaban.

Gracias a ti,
sé. Quiero querer como quiero;
con un amor sereno. Entero.
Equilibrado. Realista y a la vez soñador.
Lanzando, desde el suelo,
mis gaviotas al cielo
sin temor…
Y dar un beso, o hacer el amor,
a cada cosa de ellas, le doy –hoy–
su exacto valor.
Porque soy capaz de navegar
lejos, sabiendo quién soy,
hasta dónde voy
y, sobre todo, que puedo regresar.




Epílogo

Gracias,… gracias por todo.
Por lo malo y por lo bueno.
Gracias por enseñarme,
sin darte cuenta,
sin pretenderlo,
sin querer hacerlo,
a perder,
a llorar,
a naufragar
en el océano de la vida…

Pero gracias, también,
por enseñarme
a valorar,
a comprender,
a distinguir,
a deshilar los sueños de la realidad…
Pero, y por encima de todas
las cosas, a amar.
                                                                              
                                             
J. Israel 6/6/83










TODO ES COMO SIEMPRE

Todo vuelve a ser como antes;
como si nada hubiera ocurrido,
como si nada hubiera pasado.
Todo está en calma;
como si nadie se hubiera marchado,
como si nadie se hubiese ido.
Nada altera esta calma;
como si nadie hubiese existido.
                          
Desde aquí, Francisco Javier, desde las sombras...
                                                                            

J. Israel 19/7/83










EL TIEMPO Y SEPTIEMBRE

Y llegará el momento
en que el silencio sólo
será una respuesta del tiempo,
y el tic tac de un reloj sólo
un eco lejano.
O tal vez un olvido.

Y los pasos en una calle mojada
el péndulo que fragua el destino
incierto y tembloroso de la mano
que siente el pánico y el odio
a flor de piel.
Y el grito que rompa en la noche
la bruma inerte,
la causa irreversible
de una lágrima…

Y las calles, al atardecer,
abrirán sus balcones al cielo amarillo
y marchito de septiembre
y morirán como siempre
las sirenas que, amontonadas
en una playa de asfalto,
gritan afónicamente
poemas de amor y muerte.
                                                                           

J. Israel 22/8/83










EL TIEMPO Y EL OTOÑO

Probablemente cuando el otoño
acerque a mis ojos
el suave manto de las tardes
moribundas y soñolientas,
y el vuelo de las gaviotas
sean sólo recuerdos
en algún lugar de mi pasado,
evocaré otras tardes
que me dijeron algo
que la edad silenció
en mi alma con los hachazos
de los años…
                                                                            

J. Israel 22/8/83










POEMA PARA UN MOMENTO

Es sólo un poema.
Poema para un momento de silencio.
Para este preciso momento
o para el olvido en el tiempo.
Este poema, ¿cómo decírtelo, mi amor?

Debe ser tan sutil y tan amable
con mi pluma y con mi mente
que ni se note,
que siga su curso suave
sin un segundo de duda.

Es, también, diario de un día
que nace lento y perezoso.
Sin ninguna prisa.
Un día gris.
Oigo, desde mi cuarto de la pensión,
las campanas de la iglesia.

¡Ya son las ocho! –bostezan–
Y aboco la mirada hacia la plaza
que es de piedra. Una plaza detenida
en el tiempo. Condenada a la existencia.

Y camino calle abajo del brazo
de una mañana profundamente gris
y oscura, y cae suavemente
la llovizna como una cortina
casi inapreciable.
Incluso, cómoda y agradable.

Voy mirando como un niño;
anonadado.
No quiero perder ni un sólo instante
de este maravilloso momento
que me ofrece, en exclusiva, mi sensibilidad.
Los suelos, parecen espejos,
y la niebla se enreda, espesa, en las calles
como hiedra.

Y mientras camino y me llego al paseo
noto bajo mis pies la hojarasca rojiza
de los chopos deshojados por el invierno.
Mi amor, si estuvieras aquí, si estuvieras…
Verías este invierno dormido
bajo los árboles desnudos…
Verías este invierno cargado de primavera.

Me detengo un momento
para aprenderme este instante.
Para hacer este poema…
Tomo aliento; se me inunda el corazón
de aire limpio, de olor a tierra mojada,
de leña húmeda,
de hoguera encendida,
de madera quemada.

Miro el reloj –eterno enemigo–
y sigo caminando calle abajo,
contando los segundos
que aún me faltan para estar contigo.
                                                                            

J. Israel 22/11/83










CUANDO DEJES DE AMARME …

Cuando dejes de amarme
seré sólo un espectro; un fantasma
en las tinieblas de mi propia imagen.
Seré olvido
de mí mismo
y no podré mirarme
más que en el vacío del silencio.

Cuando dejes de amarme
seré sólo un poema roto
en los labios de la arena,
en la arena de esa playa,
en la playa de ese acantilado
donde se liberan mis gaviotas,
las musas suicidas
y los amores olvidados.

Cuando dejes de amarme
seré sólo espina,
sólo llaga en carne viva,
sólo angustia,
sólo eso,
eso solo…

Cuando dejes de amarme
el mar será sólo un eco
moribundo y estúpido
y el sol de la primavera
una pesadilla interminable.
Y la noche una herida
abierta al dolor.
Y la bruma un sendero
perdido en la horca de mi angustia.

Cuando dejes de amarme
me destruiré para convertirme
en eterna pena…
Cuando dejes de amarme
te destruiré para convertirte
en verso, en poema…
Cuando dejes de amarme,
cuando ya no me ames,
al menos, recuérdame.
Recuérdame, al menos.
                                                                            

J. Israel 13/12/83










BUSCAR UN POEMA

Buscar un poema…
Trato de buscar un poema
y en la soledad de esta noche,
que se esparce fría sobre las calles,
lanzo a toda prisa mis gaviotas
para buscar un poema
que poner en tus ojos…

Y recorren la ciudad
errantes; vuelan a las plazas,
registran las calles, revuelven los rincones,
los oscuros callejones
como titiriteros, y nada…
Navegan sobre los sueños
entre la angustia y la esperanza…
Pero, al cabo, sólo me traen
el enorme silencio que me abraza.

Y vuelvo otra vez y las obligo
a danzar como cometas,
como ilusiones.
Y vuelven a recorrer
el largo SILENCIO que envuelve
el preciso momento de la noche.
Y, de esquina a esquina,
y, de punta a punta,
sólo me traen, a lo sumo,
un extraño murmullo
o algún eco lejano.

Miro al mar
y me devuelve, SERENO,
un SUAVE RUMOR de caracolas.
Miro entonces al otoño;
a los árboles deshojados,
a la melancolía de su ramaje yerto,
y me envía una profunda calma,
UNA PAZ INFINITA.
Entonces me detengo un momento
y hago cuentas. Miro tu retrato…

¡Claro, ya lo comprendo!
Por qué buscar un poema
cuando mi mejor poema y mi mayor
“te quiero” es:
EL SILENCIO SERENO, EL SUAVE RUMOR
DE MIRARTE A LOS OJOS
Y SENTIR UNA PROFUNDA CALMA,
UNA PAZ INFINITA.
                                                                            

J. Israel 14/2/84










APARIENCIAS

Las personas, pese a las apariencias
y las buenas intenciones,
no cambian fácilmente
su sistema de vida.
                                                                            

J. Israel 10/8/81










EL RECUERDO, DE NUEVO…

Vienes tan despacio…
Tan blanca como siempre imagino.
Mágica, te sueño.
Vienes tan de tarde en tarde,
que casi me olvido
de que me haces daño
con tu recuerdo.

Quiero recordar un pasado.
Un invierno.
Una fecha. Un lugar. Un día,…
un momento que paralizó
la inútil existencia del poeta y la mía,…
la inútil existencia de un náufrago,
de un condenado a muerte por la vida.

Quiero recordar un pasado
que deambula errante por mi alma,
por mis brumas…
A caballo entre la noche y el alba.
En mis ojos. Entre el bien y el mal.
Entre la pesadilla y el sueño como un fantasma;
hurgando en la memoria. Como una llaga
que, a veces, se enciende
y galopa por mi sangre hasta la mente
y otras, más lánguido, me hiere de muerte.

Es la larga herida de una corta historia.
Desde mi playa solitaria,
una gaviota muerta.
Una sombra de mi sombra…
                                                                            

J. Israel, 1985










PORTBOU Y EL MAR, EN MI RECUERDO

Vi llegar la primavera flotando sutil
en el ambiente…
Y al sol filtrando sus cálidos ramilletes de luz,
entre espesas nubes, para estrellarse
en un suelo gris y vacío, lleno de soledad.
La vi llegar y marcharse igual.
No podía decirme nada; me había estancado
en una antigua soledad que abrasaba mis ansias
y sólo dejaba escapar gaviotas y sueños apaleados.

Pronto, sin darme cuenta, se deslizó
en la atmósfera toda la amable intención
del verano para sucumbir como un fantasma
ante un otoño impávido y frío
que, raudo, se apresuró a extender hojas
muertas en un suave manto
de agonía…

Me gustaba andar bajo aquellos árboles
moribundos por el paseo hasta llegar frente a él:
era un dios gigantesco y embriagador.
Pasaba horas interminables viendo su rebelión.
Golpeando, suicida, las duras y afiladas aristas
de sus guardianes grises e inamovibles
que le impedían, por poco, hacerse dueño
de aquel pueblo.

Le  admiraba alucinado.
Era maravilloso conectar con sus legiones
que, por inmensas que fueran, iban cayendo
una tras otra con sus enormes arietes de cristal,…
Y era triste, porque todo me decía que estaba solo.
Tremendamente solo, al igual que yo. Hundido
en las tinieblas y al borde de una muerte cierta.

Y a pesar de eso, yo, le envidiaba
porque seguía luchando
con la fuerza de su fe y de su nombre.
Y sabía que llegará el día,
en esa batalla establecida de miles y miles
de siglos en el que por fin, su constancia, será
estandarte de su victoria.
                                                                            

J. Israel 20/6/85










LA MAGIA DE UN INSTANTE

Cae la tarde lentamente. Lánguida.
Suave como una caricia. Y me inunda
este silencio maravilloso
tan sólo interrumpido, a veces,
por unos ladridos lejanos…
Tan lejanos, como recuerdos.

Por momentos siento el silbido breve
de la brisa que mece
las hojas de los chopos y las acacias.
Cae la tarde ante mí, como un manto
impreciso que va envolviendo
cada una de mis palabras y cada segundo
de esta paz, que es casi infinita…

Cae la tarde
y todo ha sido un recuerdo.
Sólo unos versos.
Sólo la magia de un instante.
                                                                            

J. Israel 20/6/85
         









POEMA PARA “CHATA

Por ti, Chata, sentí una tarde que podía soñar
y encontré una playa distinta para poder volar
lejos de la monotonía…
Donde sentirme niño. Sin miedo. Y jugar a olvidar.
Éramos dos, y en cambio, te sentía tan mía que apenas
existían límites entre la amistad y la ternura.

Por ti, Chata, por tu eterno recuerdo,
levanté mi copa de angustia y te nombré
y mi voz quebrada recorrió
los montes hasta el mar.
Voló a las calles vacías para traerme, sólo el eco,
una profunda soledad.

Todo es un sueño, Chata. Un inmenso
y estúpido sueño
que se estrella cada mañana en la realidad
de una playa sin esperanzas.

Una playa llena de hastío. De un largo y hondo
hastío sin sentido
donde sobrevivimos, día a día,
sin saber qué pasará mañana.
Dónde cabalgamos para no llegar nunca,
a ninguna parte.

Desde aquí, Chata, te nombro y te pido
que perdones mis pecados y mi profundo egoísmo.
Aún hoy evoco tu recuerdo con infinita tristeza.
Con toda la tristeza y melancolía de un tiempo
que no ha de volver,
pero donde la soledad era más tierna
cuando tenía con quién compartirla.
                                                                            

J. Israel 8/10/85










SERÁS…

Cuando seas capaz de soñar,
de ser tú misma en todas
y cada una de las ocasiones.
Cuando seas capaz de caminar
bajo la lluvia sintiendo su melancolía
sin importarte nada.
O capaz de contemplar la paz infinita
de un atardecer…

Cuando seas capaz de amar aún más,
sin cansarte, ni flaquear.
Venciendo, sin hundirte,
las adversidades.
Si vives intensamente cada momento
y la magia de su instante…
Cuando seas capaz de no dejar de sonreír, sin desfallecer,
aun sabiendo que nada vale nada,
serás mujer…
                                                                            

J. Israel, 1985










APARTE DE TI

Cada vez que hago un poema, te nombro…
Y si alguna vez te hago daño, perdóname.
Perdóname, perdóname si peco
porque, aparte de ti, no existe nada.
Todo lo demás es pasajero y efímero.
Fugaz, y casi siempre estúpido.

Aparte de ti no existe nada
porque tú lo llenas todo con tu luz.
Aparte de ti, de tu comprensión,
de tu amor, de tu inocencia,
nada merece la pena.
Porque tú eres lo más puro.
Lo más intacto. Lo más claro.
 

Aparte de ti, que consientes mis errores
y pones, a cambio, aceras en la calle
de mi vida y ventanas llenas de luz en mi alma,
no existe más que el silencio y la melancolía…
                                                                            

J. Israel 19/3/86





José Hernández Meseguer
Crónicas entre Pincel y Pluma



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