HOJAS DE OTOÑO [1978]



A CONTRALUZ…

Hoy necesito arrancar de mi alma
la sangre más amarga.
Hoy necesito más que nunca
vomitar estos versos heridos
a golpes de soledad.

A contraluz de esta botella
tan cargada de cárcel como yo,
se quiebran mis palabras
para navegar entre mis brumas,
para que mis vientos
acaricien otros pechos,
y mis mares otras lunas…

Hoy necesito apagar mi voz
para manchar tu pureza
con la tristeza más inmensa
de mis Hojas de Otoño










MARINO EN LAS BRUMAS…

Esta noche me encadena…
Romper de nuevo el silencio
para apuñalar mi alma
a golpes de hiel,
a golpes de espejo.

Volver de nuevo a los vacíos,
al hastío,
por soñar rasgar otros vientos,
otros mares,
otros atardeceres,
otros amaneceres,
otros firmamentos.

Voy a romper este vuelo
contra el cielo,
un amanecer.
De oscuridad, en oscuridad
quiero quebrar mis alas,
a golpes de noche.
Y revolotear herido
en el aire absurdo
mientras mis heridas
hacen mi vuelo más curvo…

Y caer,… caer,… querer caer,
morir por querer ser
prisionero de otro viento,
de otro lamento,…
de otra hiel.

Envidio tus noches
y tus amaneceres,
y tu casa cubierta de tus versos,
y mis silencios.
Y envidio tus manos y tu guitarra,
y tu canto de cigarra,…
y mi olvido.

Y envidio la sangre de tus poemas
y los llantos de tus madrugadas,
y las sombras de tus veredas
en los cañaverales
jugando a quimeras
los otoñales.

Envidio el fuego de tus sueños
y el reloj de tu tiempo,
y tu muerte en el empeño
por tu camino; labrador
de nubes y cielos marchitados.

Y el poema de tus ojos,
y el arado de tus días
y el estanque de tu espejo,
y tus lunas rotas de agonía.
y el aliento de tu mirada…

Pero también conozco esa sensación
de libertad acuchillada,
acribillada, flagelada, torturada,
maniatada, despreciada… y olvidada,
porque tu camino es el mío.

Y también tu mirada,
y tu llanto,
y tu canto,…
y hasta tu almohada.

Te conozco sin verte.
Tú trinas tu pena
en una cárcel de alambre.
Yo lloro poemas
en esta cárcel de gente.

Dame un poco de tu vida,
de tu barca, de tu playa,
de tu arena, de tu día,
de tus alas,
de tu viento,
de tu alborada,
de tu estío…

… Y toma mi lamento,
mis quimeras,
el otoño de mis primaveras
y la cera
de mis versos.

Noches de fuego
que se escapan y se estrellan
en el cristal azul del cielo,
mientras los espejos
de mis ojos
vuelan para ahogarse en otro mar.

Noches donde el aliento
se convierte en el viento
más fugaz,…
para volar
al compás
del pensamiento…

Noches, en que las sombras
me envuelven en su suave sueño
de pasos lejanos que se alargan
y se duermen,
o se pierden,
hasta convertirse
en un tenue murmullo
de reloj que no comprendo.

Noches, donde el camino más opaco
brilla quebrado en su piel,
y comienza a latir con la escarcha
de un cielo ametrallado de estrellas.

Noches, dentro de mis noches,
donde camino herido
por cientos de vuelos
que abren a la bruma
mis sentidos
y a la pluma
mis latidos.

Mientras, forceja en su cárcel
una estrella condenada,
que grita a golpes
de una débil claridad marchitada.

Noches, en las que los recuerdos
me hieren y me llevan
a desnudar amaneceres
cubiertos de llanto y agonía
entre cuatro paredes y un techo,
donde reventó contra mi pecho,
mi primer poema,…
mi primer verso.

… Noches en las que me siento
tan preso de mí,
que al tomar un sorbo de bruma,
me elevo
y me convierto
en la suave espuma
que aletea en los aleros
de las lánguidas noches,… bajo el cielo.










CORAZÓN ADOLESCENTE

Quiero dejarte escapar entre mis dedos, en silencio,
como un beso que olvidó la noche,
o quizá, como una caricia que quemó la piel.
O tan sólo, como un poema tan dedicado a ti,
que olvidé firmar.

Desde mi cuarto, ahorcado en la penumbra
de una hoguera que se consume sin apenas quejarse,
quiero hablarte sin prisas de mis quimeras,
de mis otoños y de mis primaveras.

De cómo nace un verso herido,
y de cómo muere un gorrión cautivo,
de cómo la noche se me viste de espumas
y me hace ser marino en mis brumas…
y navego…
y naufrago.

Y me devuelve burlona a la orilla
con el aliento quemado
porque no es fácil querer ser poeta
ni romper la hiel de los ojos
para hacer un poema
cargado de llanto.

No, no es fácil romper un pasado
tan encadenado al alma que cuando evoque
nombres y fechas, surjan besos.

Y cuando quiera decir noches,
tan sólo se escape un silencio que abrase
mis palabras y forme un nudo en mi garganta
quebrando mis espejos
en lágrimas amargas.

No, no es fácil ver partir dos barcas
una tarde plomiza de una playa desierta
llevándose mis versos, mi fe,… mi Dios.
Ni mirar al cielo y comprender
que no me queda ni una sola estrella
y que, a cambio de todo ello,
sólo me dan su olvido.

Sí, corazón adolescente, yo sé bien
cual es el juego del olvido,
porque nadie más que él me lo ha enseñado
a golpes de versos que me han ido
saliendo del corazón herido.

Tengo de penas doctora el alma
y viejo el alba
de soledades que, al fin y al cabo, sólo sé yo
viendo desde mi ventana
atardeceres y mañanas
morir naciendo
como tantas veces lo hice yo.

No, no es fácil querer ser poeta,
ni llegar a la conclusión
de que estás solo aunque te encuentres
rodeado de todos ellos,
porque sólo ellos hacen de ti
un gorrión cautivo
que trina herido
y acaba por morir.

Escúchame, corazón adolescente:
¡Huyamos, escapemos
en un vuelo de gaviotas!
O en la soledad de un poema,…
o quizá, en las plumas
de unas alas rotas.
O, en las espumas
de una ola,…
a la playa lejana
de una caracola.

¡Vayamos y olvidémonos
de que son incapaces de remontar
el vuelo!
De que sólo saben revolotear
a la altura del suelo.
De que prefieren la realidad
y su pobre prosa
y de que son lo que son
porque no saben ser otra cosa.

No saben soñar…
¡No pueden volar!
Ven a mí, corazón adolescente.
Tú, sí puedes,
diles adiós con tu pañuelo
y vuela conmigo sobre las nubes
surcando el cielo.

Sí, quizá sea demasiado duro,
o tal vez, demasiado soñador…
Quizá el suelo sea su meta,
pero yo prefiero volar.
¡Soñar! ¡Sí! ¡Soñar!
yo, … prefiero ser poeta.
                                                                             

Navidades del 78.










FUEGO PROHIBIDO

Tú eres ese fuego prohibido.
Ese fuego que quema la piel con la mirada…
con esa mirada azul de fuegos trémulos.

Tú eres ese aliento,
esa bocanada,
ese fuego suave que, en mis sueños,
excita mi cuerpo.

Sí, tú eres mía y no lo eres
aun estando tan cerca de mí.
Sí, aunque tus sueños y los míos
se fundan en uno solo,
aunque tus miradas
sean cómplices de las mías
y aunque mi silencio
esté de acuerdo con el tuyo.

Y aunque, sin hablarnos,
tus respuestas sean lo mismo que te pregunto.
Porque tú, fuego prohibido,
sientes la necesidad, la inevitable necesidad,
de amar en silencio
y negarlo con tus palabras

¡Aun cuando tus ojos te traicionen
y estén de acuerdo con tus pensamientos!
Te me acercas y me huyes a un mismo tiempo
y me invitas a comerte con miedo…
¿Con miedo?

No, realmente no lo sé.
Quizá alguna pared me dé la respuesta.
Quizá alguna noche helada.
Quizá… no me la dé nada.










PEQUEÑO GORRIÓN

Pequeño gorrión.
Pequeño sueño.
Pequeño amor;
tú tampoco aprendiste a volar…

Te recordaré en mi vuelo
y en mi soledad,
en mi cárcel
y en mi oscuridad
cuando rompa mi alma
en versos de libertad.
                                                                             

J. Israel 7/ 3/ 78










RECUERDOS EN LAS TARDES Y LAS NOCHES

Esta tarde que se quema en el cielo
me dice que estoy solo.
Solo y triste.

Esta tarde que sangra melancolía,
sol de fuego, sangre y agonía,
me susurra que el recuerdo
me hierve en la piel.

Mientras en el alma, un verso herido,
se me escapa como un lamento
buscándome el ayer.
Aquellas tardes fueron como una suave melodía
trenzadas por un silencio que ardía
como una llama… Y me herían.
¡Dios mío! ¡Cómo me herían!

…Y ahora me invade la noche
con sus gélidas y burlonas miradas celestes…
Y siento cómo se rompen mis sueños
en el brillo de una lágrima que no quise
mientras las pálidas caricias
de un sol marchito y enfermo
se me muere en un grito de silencio.

Y camino sumergido en el vaho de mi aliento
que se funde con la noche.
Y mis miradas se pierden
en el océano infinito
para luego caer en pedazos.
Sólo en pedazos de sueños
que se hacen versos.

Versos que fueron noches tibias
o domingos en la tarde,
o tardes de verano,
o pensiones.

Versos que fueron cartas de amor,
y también llanto y soledad,
amargura y vacío…
Versos que sólo fueron sueños…
Sólo eso. Pedazos de sueños…

Versos que fueron mis diecisiete años.





José I. Hernández Meseguer
Espolla (Figueras) 1978
Memorias de un Naufragio




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