9 CARTAS A PENÉLOPE Y DE REGRESO A ÍTACA [1981 / 83]



1ª CARTA

Estoy pensando en ti.
Inevitablemente.
Me esfuerzo por fugarme
en el silencio de mis gaviotas.
A través de este
gran ventanal y de la gente
que habla entre sí, de cosas
que no puedo comprender
porque lo le importa
a mi Israel, ni un segundo
de esta conversación.

Vuelvo a intentar volar.
Siempre hasta tus playas.
Hasta tu mirada infantil
que tanta luz le da
a mi cárcel de soledad.
La tarde se está rompiendo
suavemente en la insólita agonía
de la inmensa y gigantesca
bruma amarillenta
que envuelve continuamente
a este extraño y confuso Madrid.

Quisiera, nuevamente,
evadirme.
En silencio.
Sin que nadie se dé cuenta
de que estoy pensando en ti.
Sería demasiado bonito
que, en este preciso momento,
tú, también, estuvieras volando
hacia mí.
Sería maravilloso.
Me da miedo
pensar y volar
demasiado rápido
hasta tus ojos. Y no, no puedo.

No debo
decirte
lo que mi corazón apaleado
siente.
Tú no lo sabes.
Quizá no lo sepas nunca.
pero podría morir
aunque esté acostumbrado a oír,
que de esas cosas
ya no se muere.
Los halos de la tarde
son cada vez más suaves.
Sé que la tarde está muriendo.
Igual que yo.
Pero ella no siente miedo;
su corazón continúa su ritmo monótono
e inalterable.
Yo, sí.
Ahora.

Pero éstos siguen
sin descanso, su estúpida
charla.
Ahora ya no hablan.
Se toman un descanso para
quitarse la máscara.
Son carroña.
Los odio a muerte.
Mentes vacías
como sus vidas.
Necesito pensar en ti, …
una vez más.
Siempre en silencio.

Estoy tratando de imaginarte
con esa mirada llena de azules.
De cielos azules.
De interminables cielos azules.
Y tu cabello suelto,
que se esparce
como ríos de oro
sobre tu espalda y tus pechos.
Eres linda. Créeme.
Y tus quince años solamente,
son el eje
y el centro
de mi vida y mi mente.

Sigo teniendo miedo.
Miedo de un millón de cosas
que revolotean en tus playas
y en mis gaviotas.
Siempre existe esa tormenta
que me amenaza
en silencio. Burlona.
Me encuentro terriblemente solo.
Rodeado de un montón de gente
que se da cuenta, que deseo
esquivarlos con todas mis fuerzas,
para encontrarme bien.

A veces sigo siendo
infiel a Israel y me uno
a la comba absurda
de la conversación
para darme cuenta enseguida,
de que me encuentro
como un payaso triste … y vuelvo
a volar.
Pero siempre a ti.
Hoy, eres mi refugio.
Mi nido.

A lo lejos, zumba el sonido
metálico de un tren que desgarra el silencio.
Y también, el estridente y opaco grito
de un camión que parece
que el cabrón no quisiera alejarse
para joder mi tranquilidad.
Ahora un avión, …luego, una moto …
y otro avión.
Y ahora, nuevamente, otro camión
que parece que no andara
porque siempre le oigo
en el mismo sitio.
He estado paseando hace un rato.
Y me he dejado envolver
en el aire caliente de Madrid,
que, creo, que no duerme jamás.

Y, también hoy, miro por última vez,
este cielo misterioso e hipocondríaco,
lleno de mis penas
que me esconde nuevas cosas, …
para verlo sólo como un cielo
cargado de diminutas
e imprecisas estrellas.
Y ahora, al mirarlo,
deseo enviarte
el más dulce de mis besos,
para que se enrede en la noche,
luego, en tu boca …
y más tarde, en tus sueños.
                                                                              

Madrid, 27/ 8/ 81










2ª CARTA

Vuelvo a pensar en ti.
Dentro de unas horas volveré
a mirarte en silencio,
y en secreto.
Mis ojos, van a recorrer
tu cuerpo muy lentamente.
Lo sabes.
Acariciaré tus pechos y tu vientre
con la más infinita ternura
de que mis dedos son capaces de amar …

Pero siempre en silencio.
Pero siempre amándote.
También lo sabes.
En esta noche de soledad
estoy amándote:
a cada latido de mi corazón
te voy deseando más …
Inevitablemente.
                                                                              

Madrid, 28/ 8/ 81










3ª CARTA

Esta noche.
Ahora. En este momento, me encuentro
totalmente hundido. Hundido y solo.
Siento una inmensa agonía
que me atenaza la garganta
y tengo ganas de llorar.
Unos inmensos deseos de llorar.
Si estuvieras conmigo, …
si estuvieras …
¡Dios mío!
siento una angustia
terrible que se apodera de mí
por momentos, …
si estuvieras conmigo, …
si estuvieras …

Me cogería con fuerzas a tu cuerpo
hasta hacerte daño, vida mía, …
porque tú eres mi refugio,
la habitación de mi alma
que nadie ha violado aún, …
y te amaría con todo mi ser,
y después
me refugiaría como un niño
entre tu pecho, para que me dieras
el calor que hasta ahora
se me ha negado como una religión.
Si estuvieras conmigo esta noche …
si estuvieras …

Hoy te necesito más que en toda mi vida, …
pero estoy solo.
Completamente solo.
Ahora siento, amor mío,
una terrible necesidad de ti.
De estar entre tu cuerpo, …
de estar entre tus ojos …
… Pero estoy solo.
Hoy he perdido, en algún lugar,
la risa, … la fe, … mi Dios, …
tus ojos infantiles
llenos de gaviotas y cielos
intensamente azules.
Sin poder evitarlo,
de repente,
me he encontrado
con la más absurda oscuridad …
                                                                              

Madrid, 4/ 9/ 81










4ª CARTA

Vuelvo a ti.
Como una ola a su playa.
Necesito el silencio que invade
esta habitación para dejar escapar
como una terrible necesidad mis gaviotas …
hoy por ti, azules,
tan azules,
como esa mirada
infinita y lejana
que inunda
tus ojos infantiles, tan llenos de luz, …
…tan llenos del alma mía …

¡Eres mía!
¡No lo niegues!
por lo menos hoy, …
mañana, podrás no serlo si quieres, …
pero hoy, …has sido mía
porque te has estremecido
de pasión entre mis manos.
Entre mis brazos.
Porque he navegado
y naufragado,
y perdido mis dedos
y mi norte
entre
tus pechos
y tu vientre.

Porque hoy me has necesitado.
Porque hoy hemos volado
juntos a un poema
de amor olvidado.
Porque hoy hemos arrancado,
un poco más, esa pena
de mi alma
que estrangula mis sueños,
mis ya pocos sueños.
Porque hoy, como un nuevo color,
has inundado mi alma
de gaviotas
que retozan en mi horizonte
sin nada qué olvidar
porque… he aprendido a amar.

Sí, decididamente,
he perdido mi norte
en tu horizonte,
pero no importa;
tú eres mi playa
y yo, tu gaviota.
Eres tú mi playa,
yo, tu ola rota.
Y busco refugio en ti,
porque sé que tú me atiendes
y me das sosiego.
Escuchas en silencio,
mi silencio.
Y luego, …
me acaricias, y sé,
que me estás amando
y me estás dando
fuerzas para luchar,
para seguir luchando
                                                                          

Murcia, 4/ 10/ 1.981










5ª CARTA
                                                            
Vuelvo a ti.
Siempre. Siempre inevitablemente;
con una necesidad
que me araña el alma.
Como un poeta a sus versos.
Como un caminante al camino.
Como un suicida al acantilado.
Siempre con extraña necesidad.
Siempre con cierto sabor amargo en la boca.
Quisiera contarte tantas cosas
y hablarte sin temor de mis quimeras
y mis miedos, …
y de mis silencios,
y de mis sueños,
y de mis noches vacías y eternas,
y de mis días hastiados, …
y de mis largos otoños …

Sé, que contigo,
mi soledad será más tierna,
más amable.
Hace un año,
en un atardecer como éste,
en un atardecer frío y seco,
te llamé.
Te evoqué.
Te convoqué. Casi desesperadamente.
Pero mi voz se rompió en el vaho
de mi infinita soledad y sólo
acudió un largo silencio
que se posó inerte ante mis ojos
que se acristalaron
de suave sal.
Estaba solo.
¡Dios, Santo Dios, cómo duele
esa soledad: es mortal!
Te llamé.
¿Dónde estabas?
¿Por qué no acudiste a mi llamada?
A mi llamada de angustia. Me estaba
muriendo a borbotones.
Me moría por los ojos.
Por segundos.
¿Dónde estabas?
¡Por Dios, … pude morir!
…morir de soledad.

Entonces, metí mis dedos
en mis enormes llagas
y caminé errante.
Era una tarde fría
de llanto y agonía.
Un intenso y gélido azul pálido
perdía la batalla en el cielo.
La oscuridad se comía
lentamente los últimos chorros de luz.
Y de pronto, como un fogonazo,
como un dios, como un inmenso dios
de sangre negra y calcinada,
con aullidos
que helaron mi alma,
alguien se elevó en silencio
con los brazos
yertos y quebrados
sobre el mundo,
gritando.
Suplicando sin piedad,
se alzó mudo
sobre el mundo.
Con los brazos hastiados
y desgarrados, …

Mas nadie le oyó.
Nadie le escuchó.
Nadie le sintió morirse.
Nadie.
Nadie, excepto yo,
que también agonizaba.
Fue un momento de angustia
que no puedo olvidar.
Su ramaje era duro y seco.
Quebrado.
No tenía un sólo tallo,
sí, a cambio, una inmensa soledad.
Su cuerpo era una herida
profunda y salvaje.
Quise decirle
que yo también
estaba solo, … pero no pude;
cuando llegué hasta él,
había muerto.
Y… sólo era eso;
un árbol deshojado
y yerto por el invierno.

Hubiera querido morir con él,
pero fui cobarde
y seguí caminando entre la gente
más harto que nunca.
Más asqueado que nunca.
Y volví a sumergirme
en un lodo de gente
que no me importaba
una mierda,
para seguir muriendo
a mi manera.
Siempre igual.
Siempre a mi modo.
Y seguí, seguí caminando
sin saber
exactamente adónde, ni por qué.
Nadie me esperaba
en ningún lugar.
Brotaban a mi alrededor
palabras huecas
e ininteligibles,
pero tampoco me esforcé un momento
por entenderlas.
Estaban muy lejos de mí.
Eran como lejanos ladridos
en la noche.

Oía risas nerviosas
y estúpidas
que me producían más soledad.
Hubiera querido
ser una ola suicida
o una gaviota
para estrellarme en la noche
que me nació a fuerza de versos.
A fuerza de soledad.
La gente caminaba encerrada
en sus mundos hartos de días
y aun noches monótonas. Y me hastiaban
sus pasos
cerca de mí y sus palabras vagas
y llenas de odio.
Aunque yo también estaba
odiándoles con más fuerza que nunca.
Todo comenzó a llenarse
de soledad y, por un momento,
me sentí mejor. No sé por qué,
o mejor dicho; harto de saberlo.

Aquellas
lucecitas
amarillentas
guiaron mis pasos
perdidos
a mi coche
que me exigía
como una religión
volar.
Era principios de Navidad.
Aquello me ordenaba fingir alegría
pero fue imposible.
Decidí entre mi soledad
y otra mayor.
Quise la mía.
Era inútil hablar de amor
cuando tanto me repugnaban
sus presencias hipócritas.
Fue imposible.
Los que se decían míos
me daban tanto y tanto asco,
que se me enredaba en el cuello
como una horca.
¡Qué soledad más cruel!

Y volví a recordar aquel
árbol que, cargado
de impotencia, se suicidó
en los brazos de un atardecer
aquella triste Navidad.
Y me sentí aún más solo
mientras mi coche cortaba con su luz
la noche enferma de soledad.
Y llegué a una pequeña aldea,
que un día fuera
parte de mis poemas
y de mis tardes
de larga hipocondría.
Y a tientas,
caminando entre aquellas
oscuras,
torcidas
y empinadas
callejas
llegué a una sucia taberna
infectada de años;
repleta
de una larga
espera
hacia la muerte.

Y también, a tientas,
con los ojos acristalados,
busqué a gritos
el trasluz de una botella.
Y a contraluz de mi noche,
que se esparcía como una tormenta
sobre mi piel y mi alma,
bebí aquella luz artificial,
enfermando mi boca con un hondo
sabor amargo
que me llegó al cerebro
como un hachazo.
Y pasaron los minutos,
burlones espectadores del tiempo,
colgados de un reloj tan viejo
que pasando de la media
se las veía
putas para llegar al doce.
Y que sólo conseguía
su propósito
a fuerza de soñar
que un día
le dejarían
caer desde lo alto
al suelo
estrellándose de una maldita vez.

Y pasaron
los minutos con esfuerzo.
También las horas.
Y yo, continuaba allí, ahogando
toda la amargura
en un litro de alcohol.
Ya no pensaba en ti
porque tú no eras más que un sueño
que se apagó rápidamente, bajo el peso
del alcohol.
Ni en Dios.
Ni en mi hijo.
Ni en mí.
Me estaba suicidando.
No quería pensar en nada.
Ya no lloraba.
Ni reía.
Ni vivía.
Ni sufría.
Ni moría.
Todo se pobló de noche.
De más noche aún, … y de sombras
imprecisas.

Y borracho,
totalmente borracho
de alcohol y soledad,
salí a una calle muerta
y el viento fue en mi cara,
la única caricia
en muchas horas
hasta que vi un nuevo amanecer
en el horizonte enrojecido
y, …y comprendí
que aún no había muerto;
que tenía que morir
aún mucho más inevitablemente.
Siempre inevitablemente.
                                                                          

Murcia, 2/ 12/ 1.981










6ª CARTA


I
Cuando te sientas sola
seré tu refugio,
tu mar,
la ola
de tu playa solitaria.
Cuando te encuentres triste
seré para ti, el aire,
la brisa …
el húmedo y cálido
aliento que se enrede
en tus labios.
Seré tu almohada.
Tu sombra.
Tu abrigo.
Tu amante por nada, …
a cambio de nada,
tu mejor amigo.
El reloj de tus horas,
la luz de tus miedos.
 –candil de tus tinieblas–
Caballo de tus sueños
cuando te sientas gaviota.
Hoguera
si me tiemblas;
gladiador en tus quimeras.
Diario de tus poemas.


II
Cuando te sientas sola
sabes que seré tu amante
y tu amigo.
Tu mejor secreto.
Tu mejor poema.
Y caminarás conmigo
y yo contigo.
Y si tienes ansias de volar
te llevaré en mis alas
porque ya no tendré miedo
de alzarme sobre el cielo
surcando el mar,
surcando la tarde…
Y te daré el más bello atardecer
que se rompa en el vientre
del horizonte
y el cielo más azul.
Y la noche más ardiente
mientras camino
tus caminos apasionadamente.
Mientras devoro,
pliegue a pliegue,
cada poro
de tu cuerpo
y se extingue en tu gruta
el fuego que me abrasa
la piel y la boca
y las manos sedientas.
Cuando te sientas sola
seré tu cuerpo.
Tu cuerpo y el claro faro
que te guiará.
Y en las noches frías,
tu duende
y la magia
de tus grises días.


III
Cuando te encuentres triste,
mi vida,
cuando te sientas triste
seré el amargo color
que en tus ojos flotará mágico
y errante, …
casi naufrago.
Y cuando llores
seré el sabor
salado y cristalino
de tus lágrimas furtivas, …
casi fugitivas.
Cuando te encuentres así
sabes que seré tu refugio.
El suave color
que dará calor
a tus ojos claros.
Y cuando por las noches,
en tu habitación,
sientas miedo y vértigo
de la soledad,
no llores …
Sabes que estoy contigo
para ser calma en tu mirada
y quietud en tus sueños.
Y guardián
y compañero
y amante
y atalaya
y vigía en tu errante
vagar en el espacio
y en el tiempo
a través de las estrellas.


IV
Cuando te encuentres agotada
y cansada
seré tu apoyo. Tu posada
y tu camino blando.
La yerba que besará tus pies;
el tibio lecho
que acariciará tu cuerpo
y el tibio aliento.
Y seré el momento
en que seré sólo boca,
sólo manos,
sólo llama
que andará tus pechos.
Y cuando sientas
la inevitable necesidad
de caminar bajo la noche, …
con la noche...
Entre las calles solitarias
y mojadas
por la llovizna breve,
recuérdame.
Recuérdame y seré
para ti la suave canción
que navegue en tu cabello
y la suave espuma
que flote en la atmósfera
como una quimera …
 Ausente
y presente.
Tan lejos
y tan cerca.
Recuérdame; seré esa espuma
vagabunda, imprecisa y náufraga.


V
Y cuando tengas
deseos de cantar,
seré tu voz.
Y si sientes ganas de gritar
seré tu eco.
Y si quieres saltar
seré tu vuelo.
Y si quieres, acaso,
olvidar,
seré consuelo.
Y tu copa de vino
y tu pañuelo
y tu silencio.
Y si pretendes ser niña
seré tu mimo,
tu carantoña.
Si prefieres reír
seré tu payaso,
tu bufón, tu arlequín.
Si quieres pensar y meditar
seré la voz del tiempo,
la amarga experiencia.
El eterno llorar,
el alma ajada
pero cargada de sabiduría.
el eterno saber. La vida.
Hipocondría.
La llaga en carne viva.


VI
Si quieres viajar sin rumbo
seré tu guía, tu capitán,
tu norte…
Y si quieres dejar volar
tu imaginación
pero piensas en mí,
seré tu héroe,
tu quijote…
… Pero si alguna vez
sientes deseos de ser
tan sólo una MUJER
al fin,
ése maravilloso día,
seré solamente un hombre.
Tan sólo eso:
sencillamente,… un HOMBRE.
                                                                          

Murcia, 14/ 2/ 1.982










7ª CARTA

Si no fuera por ti…
si no fuera
porque estás a mi lado
proyectando mi vida,
destruyendo el pasado…

Si no fuera por ti…
si no fuera
porque me sigues fiel
sin un gesto de amargura,
ni un momento de rencor,
ni siquiera
una mirada de duda
aunque, a veces,
te cause dolor.

Si no fuera por ti…
si no fuera
porque con paciencia
aquietas mis fracasos
y mis horas de angustia
y mis melancolías
y mis noches de hipocondría
y mis días
hastiados…

Si no fuera
porque con tus silencios
hilvanas mis escasos sueños
y mis momentos de amor
y mis intentos
por sobrevivir…

Si no fuera por ti…
que navegas a mi lado
sin cansancio.
Que me empujas a la lucha
diaria de la monotonía
sin un sólo gesto de flaqueza…

Si no fuera…
porque eres mi Dios,
mi camino,
mi posada,
mi destino,
mi fortaleza…
el trazo sutil
de mi pluma peregrina,
mi cielo de abril…

Si no fuera por ti…
realmente no sé
qué sería de mí…
Me hundiría
en el miedo de las sombras
y no sería
capaz de luchar.
Me vería inútil.
Inútil e impotente.
Solo ante el mundo
caminando entre la gente.

Si no fuera por ti…
si no fuera
porque vas delineándome los pasos
en las tinieblas.
¿Si no fuera por ti,
qué sería de mí,
después de los fracasos?

¡Ah! mi amor
si no fuera por ti…
Si no fuera
porque haces más tierno
mi camino,
más dulce mi frustrada acera…
Si no fuera así,
creo, que jamás hubiera
dejado de ser ave
taciturna, buscando
el tibio calor de la primavera;
seguiría siempre solitaria.
Siempre errante y pasajera.
                                                                          

Murcia, 28/ 3/ 1.982










8ª CARTA

He sido una gaviota
errante y perdida.
Sin nadie con quién volar.
Sin nadie con quién soñar.
Pero ahora,
has aparecido tú.
Mágicamente tú.
Y mi vuelo
se eleva hacia la luz.
Siempre tú.

Tú eres…
simple y llanamente todo.
Todos mis colores,
toda mi vida,
toda mi estancia,
todos los huecos de mi alma.
Todas mis metas,
todos mis proyectos,
todos mis esquemas,
todos mis sueños,
todas mis ansias de vida,
toda mi locura,
toda mi fantasía,
toda mi ternura,…

Porque eres así:
simple y llanamente tú,
tú, eres para mí,
simple y llanamente
toda mi luz.
                                                

Murcia, cualquier atardecer de 1982

         








9ª CARTA

… a Penélope


I
Mar. Tú eres mi mar.
Eres mi poema más perfecto.
Respuestas en la oscuridad. Luz y ocaso.
Camino. Eres mi camino. Mi meta.
Estrella en la noche. Atalaya de mi puerto.
Desde el silencio y la penumbra surges con tu luz.
Eres luz. Sigues siendo luz.
Siempre. Eterna. Infinita.


II
Marino en el océano de tu vientre.
Esquivo tus olas. Lo intento. Siempre naufrago.
Resuena en mi cuerpo tu grito suave.
Cuando te inundo leve.
Estallo en fuego cuando te toco. Lo sabes.
Después soy tan sólo la neblina extraña de tu cabello.
Eres todo aquello:
Sueño. Poema. Amor. Música,… todo lo que quiero.


III
Magia. Extraña; híbrida lejanía en la profundidad de tus ojos.
Eres yedra. Eres azul.
Retuerces tus tallos en mi cuerpo.
Confundo mi Dios y mi norte
En tu vientre.
Descubro mi cielo azul.
Entonces, la noche que me ahorcaba se vuelve luz.
Solo. Estaba solo. Ahora estás tú.


IV
Magia. Sigues siendo magia.
Extraña. Lejana. Ausente. Distante. Presente.
Refugio de mi soledad. De mi hipocondría.
Cuando me hundo
En la angustia
De mi mundo.
Espectro. Fantasma. Quimera sombría.
Soledad amante. Soledad querida.


V
Mándame tu luz.
Estoy aquí en la oscuridad. En las sombras de mi alma.
Roto. Destrozado.
Cayéndome a borbotones, al abismo. Siento vértigo y miedo.
Estoy aquí. En el fondo de esta soledad.
Dame tu mano y galoparé hacia la claridad.
Es difícil. Lo sé.
Sólo por ti, intentaré llegar.


VI
Marino en tus mares.
Estoy, sigo navegando incansablemente en tu oleaje.
Retuerzo mi esperanza. La amarro
Contra la mesana de mi barco de
Escasa eslora; irascible e hipocondríaca.
Desprovista de fe y de sueños,…
Estás ahí; sigue cómo hasta ahora. Guiándome con tu luz.
Sólo por ti, intentaré arribar.


VII
Mañana volaré,… seguiré volando.
Estuve volando ayer. He sido una gaviota. Soy una gaviota.
Revoloteando siempre a la altura del suelo.
Cabalgando de mar en mar,… de luna en luna;
Estíos, primaveras, otoños,
                                 …Siempre errante en el ocaso,… en la bruma.
                                                                                          
Desnudando, destruyendo sueños. Noches. Versos. Cielos
Encendidos,… estrellas sin vida
Sobre olas hastiadas. Cansadas. Fugitivas. Suicidas.


VIII
Mañana, como cada amanecer, seguiré surcando el cielo
Extraño y gris. Monótono. Vacío. Frío.
Recurro a mi huida: intento volar. Tomar altura. Alejarme.
Caigo. Indefectiblemente. Inevitablemente.
Estoy cayendo. No tengo fe. Y mis alas están destrozadas. Rotas.
Dame la mano; veo tu luz que me rapta del miedo de la noche.
Estoy volando por llegar a tu playa.
Siento la brisa. Es mi aliada; me lleva. Me acerca a ti.


IX
Monto a la grupa de un sueño por ti y me hago a la mar.
Es difícil llegar. Sólo poseo un velero: mi poca fe.
Renunciar no quiero. Prefiero morir en el intento
Cuando no me quede nada con qué llegar a tu puerto.
El mar de la vida. La tempestad de mi alma.
                                                          El miedo y la locura intentarán
Destrozar y destruir mi rumbo, pero, … soy marino
                                                          de tus mares. Lo sabes.
Estoy firme. Sin embargo,… si perdiera mi norte,… ¡por Dios!
                                                          échame una amarra.
Sólo sé llegar a ti. Sólo navego para el mar de tus ojos…
                                                          Sólo soy marino en tus mares.
                                                                           





...




DE REGRESO A ÍTACA...


I


No he encontrado ningún poema para ti…
He buscado inútilmente frases y palabras
que hablen de ti,
de lo que siento por ti…
Pero sólo me nace un hondo silencio.
Y una sensación de quietud
y de paz que me inunda el alma
porque tú eres mi poema más perfecto.


II
No he encontrado ningún poema para ti…
y, tampoco, ninguna fórmula
que exprese mejor lo que pretendo decir,
que decir: te amo.
Que decir: soy tanto de ti
que no me queda nada.


III
No he encontrado ningún poema para ti…
pero no importa;
te he encontrado a ti
que eres mucho más
que unas palabras
tratando de expresar
lo que sólo un beso es capaz de dar,
con el roce sutil
de una caricia.


IV
No he encontrado ningún poema para ti…
Pero da igual. No me preocupa,
porque he encontrado en ti
mi momento más perfecto:
mi faro. Mi puerto.


V
No he encontrado ningún poema para ti…
¡Qué más da!
Estoy de nuevo en casa.
De regreso en Ítaca.
En los años que estuve lejos
tuve mucho temor,…
nunca supe si llegaría,…
nunca supe cuánto faltaba.
Ahora sé que estoy en casa.
De regreso en Ítaca.
Vuelvo a ver brillar el sol
y el cielo
que me atrapa entre sus halos
cristalinos.
Y arribo mi bandera
que ondea
en la suavidad de la tarde.
Y el cielo azul
me envuelve.
¡Y ahora sé que estoy en casa!
de regreso en Ítaca.
Allí estás tú…
Siempre fiel.
Siempre esperándome incansable.


VI
No he encontrado ningún poema para ti…
¡Qué importa! Sólo son palabras y retazos
de experiencias vividas.
De imaginaciones soñadas para ser leídas
por tus ojos garzos.
No he encontrado ningún poema para ti.
No traigo nada para ti.
Todo se me quedó en el pasado.
En los años que navegué perdido,
en el tiempo.
Sólo soy un pájaro herido
que vuelve a casa
de regreso a Ítaca.
No traigo nada para ti,…
mi querida Penélope, te lo juro.
No tengo nada,…
sólo puedo ofrecerte desde hoy,
todo mi FUTURO.
                                                                          
                                      


José I. Hernández Meseguer
Nueves Cartas a Penélope y de Regreso a Ítaca.
Murcia, 14-25/2/ 1.983


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