SOLEDADES Y OTROS SILENCIOS [1974 / 77]

SOLEDADES, CANCIONES y otros SILENCIOS.
Diario de un Aficionado (Fragmentos)
(IX/76 – XII/77)






AUSENCIAS…

No han muerto las pasiones
que me arrastran y me ciegan.
No ha muerto la oscuridad
que me hace ver la luz de tu cuerpo
cómo la única estrella en el océano, negro y mudo,
tan lleno de tus ausencias,
tan pleno de mis melancolías,
tan preñado de agonías
entre mis noches y mis días.
                                                                              

Madrid, 1.976










LA AGONÍA DE LA ESPERA…

Sigo desnudando sombras y ecos
en pensamientos lejanos.
Sigo desnudando mis recuerdos, palmo a palmo.
Y me consumo…
¡Me enciendo…!

Clavo mi vista en un océano de estrellas flagelado
para seguir callando,
para seguir dejando en mis silencios
cierto sabor a lágrimas…y a besos olvidados.
                                                                              

Murcia, 14-11-76










TE VOY SINTIENDO…

Te voy sintiendo en mi alma,
luz muda de llama viva,
y vas quemándome la vista
con tus halos de tibia calma.
Con vergüenza y melancolía
vas rompiendo la bruma
y la escarcha perfumada
de noche, silencio y agonía.

Te voy sintiendo como un beso;
pequeño, tenue…
casi un latido,
casi un lamento.
¡Cabalgas, alazán!
Entre mares rojos de llanto…
Destruyendo la quimera;
devolviéndoles su canto.
Lames, lengua de escarlata,
los árboles duros y quebrados
que marchitó el invierno,
mientras los haces brillar
en un grito casi ausente.

Y ahí, con ése color mortecino
y amarillento,
parpadean en silencio,
uno a uno, todos mis llantos.
                                                                              

Madrid, 12 - 1.976










ME VAS COMIENDO…

Me vas comiendo el alma,
y vas sembrando de escarcha
los ojos que te hablan.
La noche ha llegado
a mi cuerpo.
Siento el frío de tu ausencia
entre mis dedos,
siento que apagas mi fuego
y luego…
callas para sentirte más alma.
Más pura,
más iris de mi ocaso,
más piel…
¡Eterna piel de mis labios!
                                                      

Desde un rincón de nuestro bar.

Madrid, 4-1-77










CAERÁ LA TARDE Y VENDRÁ EL SILENCIO…

Caerá la tarde ante mis ojos,
y con ella, vendrá la melancolía;
dos bocas, dos fuegos,
se buscarán ciegos
en la noche fría.
Y sólo encontrarán sus silencios
y agonías.

Contemplo fríamente tu ausencia
y sólo puedo sangrar mi alma.
Me visto con esfuerzos de indiferencia
y me desnuda fácilmente,
para cubrirme el pecho nuevamente,
tu ausencia.

No callarán los ecos
de fuego,
que romperán mis ojos
en pedazos de cristal,
y convertirlos luego,
en versos,
y otra vez, en agua de manantial.
Por ese sendero
hoy vino la noche callada.
Entre lágrimas de romero
y promesas de alborada.
                                                   

Con melancolía desde nuestro nido.

Madrid, 4-1-77










CON EL VUELO EN DUELO

Abrí la mañana
con mi vuelo
y con mi fuego.
Cubrí el lecho
de guirnaldas
de besos y llanto…
Y callé mi canto
para morir luego.
Para irme, abriendo la mañana,
con mi vuelo en duelo,
en silencio. Siguiendo el sendero
por el que más muero.
                                                                              

Sevilla, 17-1-77










A VECES ESCRIBO…

Vivo en esta muerte
lenta que me mata.
A veces escribo
para decir que vivo
en esta muerte
y, a veces, para decir que sigo
muerto en esta muerte.
Pero hay momentos
en los que muero tanto
de mi llanto
que en mi muerte
aún busco más muerte.
                                                                              

Sevilla, 18-1-77










EL MAR, ELLA Y YO

Yo, rompiendo mi vista en el horizonte verde azul.
Pensando no sé qué.
Ella, mirando la tristeza de mis ojos.
Al momento, unir nuestras miradas por un deseo loco
e inconsciente, y fundirlas en una dulce sonrisa
que, muy bien, pudieran ser besos de dos almas solitarias.
Yo, testigo de sirenas locas de amor
que gimen mientras rompen su color.
Que mueren cayendo en lechos,
que mueren lamiendo otros pechos
en los silencios, bajo el sol.

Yo, testigo de sirenas locas de amor. 
Sirenas verdes y azules que se suicidan en la playa,
ante mí.
Yo, prisionero de una piel inflamada
de pasión al contacto con la suya.
Yo, buscando el misterio de sus ojos.
Ella, tratando de ocultarlo.
Yo, tratando inútilmente de no enamorarme.
Ella, tratando inútilmente de no enamorarse.
Los dos, ardiendo en deseos de amor y de pasión.
Los dos, sumidos en un sueño que acaba en adiós.
Y yo, y no sé ella, joven poeta muriendo de amor.

                                                                              
Murcia, 19-7-77 










LOS SENOS DE MIS NOCHES

En esta noche, quisiera,
crucificar tu boca
en mi boca sedienta
de tus pechos en flor…
En esta noche, quimera,
quisiera,
morir de amor.
                                                                              

Murcia, 26-7-77




...




CANCIONES (Segunda Inocencia 1.974 – 2.003)



PODER VIVIR O MORIR DE AMOR

Qué tibia es la tarde
bajo un fuego de luz,
dos bocas que arden
bajo el cielo azul.

La dicha más grande
fue vivir nuestro amor;
encontrarlo una tarde,
sentir,… sentir tu cuerpo junto a mí
en una noche de abril.
Soñar y así, poder vivir,
o morir de amor.

Qué clara es la noche,
qué claro está el mar;
dos cuerpos pasean
sin dejarse de mirar.
En las noches de estío
las estrellan nos ven
y alumbran el sitio
dónde te besé.










TÚ ERES AMOR

Si la rima es poesía
y la vida una ilusión,
si el cantar una melodía
y el fuego una pasión.
Si el alba un lucero
y la mañana esplendor,
si la tristeza agonía
y el llanto dolor…
Yo, te juro vida mía,
que tú eres amor.

Si la senda es al camino
y la cruz nuestra salvación,
si el beso dulzura
y la caricia sensación.
Si la niñez la ternura
y la proeza valor,
si la sonrisa esperanza
y el iris color…
Yo te juro vida mía,
que tú eres amor.
                                                                              









CAMINANTE OTRA VEZ

No hay tiempo para lamentos,
pronto me marcharé.
En busca de otros vientos,
¿dónde iré? No lo sé.
No tengo tiempo para nada,
aún menos para ser feliz.

Lloraré cerca de mi almohada
donde nadie me pueda oír.
No te preocupes, paloma;
buscaré otro monte, otra loma.
Otra sierra,
otra tierra,
un lugar donde poder morir.

Vuelvo a ser caminante,
caminante errante
que bebió en tu estanque
al pasar.
No hay tiempo para tristezas,
tampoco nada por qué llorar;
si ayer fuiste mi grandeza
hoy no la quiero olvidar.

El tiempo marchará
y yo me iré detrás
envuelto en el olvido,
para ti, quizás…
No sufras mujer;
si alguna vez tengo sed
pararé en el camino
para beber mi ayer.










POEMA DE AMOR

Mi cálida voz
te envía este poema de amor,
a ti.
Sueño e ilusión
en una canción
que el viento arrastra hasta tu cabello
y te dice aquello
que te dije yo.

Mi cálida voz
te envía su calor,
a ti.
Te envía una flor
sedienta del amor
que nunca encontré,
que siempre perdí…
Confieso que sí,
una vez lo sentí…

Y si pudiera volar;
echar el tiempo hacia atrás,
serías mi alborada,
serías tú la amada
de mi ilusión.
Serías como la roca
que el agua besa en la boca
con su canción.










MI HABITACIÓN

Es casi blanca, blanca,
color de miel.
De luz muy tibia y clara
sobre mi piel.
Es confidente
de los recuerdos de mi niñez
y pensamientos de mi mente
de hoy y ayer.
Mi habitación;
mi refugio, mi calor,
impasible espectador
de mi llanto y mi dolor.

Y aunque parece muda,
no lo es.
No es tampoco una locura,
no lo es.
A mí me habla con gran ternura
y es jovial,
y también sentimental.
Tiene una gran ventana
a la Estación
donde yo, cada mañana,
con ilusión,
veo despertar el sol con su esplendor
y me devuelve ese perdido amor.










EPITAFIO

Breve epitafio
con el pelo largo, lacio.
Ausencia del mañana.
Soledad y vacío en mi cama.
Escarcha que creyó quedar
y quedó en nada.
Se marchó, se fue con la alborada,
dejando un suave olor a madrugada.

             








SI ME FUERA…

Si me fuera hoy
con la escarcha de madrugada
entre los dedos,
desnudando el amanecer,
quiero que sepas mujer
que te amé ayer;
antes y después
del amor.










QUISIERA OLVIDAR

Quisiera olvidar
las tardes de infancia y mi soledad
todos presos en el mismo desván.
Quisiera olvidar
mi inocencia infantil
y por olvidar, ojalá pudiera olvidarte a ti.
Y no quisiera creer
que fuiste, tú, mujer,
mi Dios y mi vino,
la senda y el camino,
y también mi perder.










TARDES DE INVIERNO

Recuerdo, después de llover,
siete críos correr,
jugando a la vida.
Y mi alegría;
al llegar navidad, me parecía,
todo ilusión y fantasía.
…Tardes de invierno
que no vendrán,
unos críos jugando
a la guerra,
sobre la hierba.

¡Recuerdo tantas cosas,
tantos momentos que no han de volver!
La tarde desde mi ventana caer…
¡Qué recuerdos!
Tardes de invierno
que no han de volver…










ALICANTE, ÚLTIMO MES

Sin pausa, pero sin prisa,
voy dejando mi ultima sonrisa
a la mañana;
a ella que me vio nacer.
A ella que me vio sufrir.
A ella… que me verá también morir.
Desde mi cuarto,
y a cada parto
de mis versos voy preguntándome, ¿cuánto?

¿Cuánto, campesinos, cuánto?
¿Cuánto conozco todos vuestros cantos,
cuando vais a trabajar?
¿Y cuánto conozco las veredas
por donde vais a segar?
¡ Y cuánto conozco la aurora
tumbado sobre las amapolas,
cuando comienza a clarear…!

¡Y cuánto conozco la sierra
que voy a ser,
antes de un mes,
polvo en la tierra…!
                                                                           

A Miguel Hernández










DEJARÉ MIS CAMPOS

Dejaré mis campos en flor,
dejaré mi gente, mi mundo, mi adiós.
Dejaré mi casa y mi guitarra con dolor.
Dejaré mis versos, si me lo pides, Señor.
Marcharé, despacio, con la hierba entre los pies;
me iré cantando un amanecer.
Quedarán los días que pinté en mi voz,
quedará el recuerdo de un poeta soñador.










ME ACOSTUMBRÉ

Me acostumbré a vivir, sin ti,
por la vida.
Y a odiar a los demás
por mis heridas.
Y sólo encontré la noche, y mi soledad…
Me acostumbré a llorar, en silencio.
A vivir y a caminar, sin aliento.
Me encuentro tan solo,
tan lejos de ti,
no me olvides…










AMORES…

Amores que el viento arrastra
como hojas de laurel.
Amores que fueron besos,
caricias, pasiones…
Y hoy, sólo están como versos
en mis canciones.

Amores que el destino
me brindó, en copa de salón,
para mi suerte.
Amores en un viejo rincón,
de cualquier pensión,
para mi muerte…

Amores que no borró el camino,
que no ahogó el vino…
¡Amores de mis amores!
Amores que yacen en un papel,
sin primavera, sin presente,
y amores que invaden mi mente…
¡Quimeras, musas de mis versos siguientes…!










OLVIDAR MI LIBERTAD

Prefiero estar entre tu pelo
y rasgar el velo
de tu timidez.

Prefiero ser tu prenda de abrigo
para estar contigo
al anochecer.
Prefiero estar entre tu ropa,
entre tu boca,
en tu soñar.

Prefiero ser gorrión cautivo
y olvidar que he sido
paloma torcaz…
y olvidar mi libertad.
Prefiero ser parte de ti, baúl de tus secretos,
verte feliz e interrumpir tus palabras con mis besos.

Prefiero estar entre tu risa
y morir deprisa
de felicidad.
Prefiero ser sombra de tu vuelo
y olvidar mi cielo
al clarear, y olvidar mi libertad.










¿PERO QUIÉN SE CREE, SEÑORA?

¿Pero quién se cree que es usted, señora?
¿Es que nunca tuvo un sueño en la mente,
o tan mala cree que es la gente?
No me haga ningún caso
pero un fracaso
pudo ser la razón.

No me busque las cosquillas
ni me saque de mis casillas.
No busque tres pies al gato
que me sale más barato
darle en el corazón…

…Y puede suceder
que en su reloj den las diez
y su hija siga sin aparecer.
Y no, no me pida explicación,
aquí manda el corazón…










NO PUEDO CREER

No, no puedo creer
que tan sólo ayer
jugabas rayuela,
al salir de misa,
y que tu mundo
era de papel.
Y si no había escuela
a las “veintiuna”
de nueve a una
y de tres a diez.

No, no puedo creer
que tan sólo ayer
tu mundo de muñecas, era tu piel,
y tu almohada, tu amiga fiel;
tu compañera
en las quimeras
y en cada sueño de tu niñez.
Y hoy te vas, te vas con él…

Y vuelas del nido
oyendo al oído
promesas de amor,
oyendo bajito
“te quiero, mi amor.”
No, no puedo creer
que tan sólo ayer,
tu primer secreto,
tu primer diario,
tu primer poeta
para soñar y creer
y que, sin darnos cuenta,
apenas cuenta,
el calendario
te hizo mujer.
                                                                              









SOY

Soy la lágrima amarga de un recuerdo
que no murió.
Soy el beso que la noche le regaló
al amor.
Soy un secreto de amor,
una carta de adiós.
Soy distancia,
soy camino,
soy esperanza
y olvido…

Soy un poema, mil poemas,
que se estrellan noche a noche
en tu mar.
Soy esa sombra en tu alcoba
que se escapa hasta tu cuerpo
sin hablar.
Soy silencio en la mirada
cuando ya no queda nada
qué amar.
Soy el verso que no acaba
entre la noche y el alba…










LLÁMAME, ACUDIRÉ

Cuando sientas esa soledad
que en la noche invade tu piel,
y los duendes de la oscuridad
se enreden en la espuma de tu pelo…
Llámame, acudiré
con mis alas
de mar,
de luna,
de bruma,
de cristal,
de un suave azul
donde todo es luz,
infinito azul,
y te amaré…

Cuando sientas vértigo en la piel
y la angustia ahorque tu voz
y tu único refugio sea el alcohol,
para lograr
sobrevivir y caminar,
llámame, acudiré…










ESTÍBALIZ

Porque me das
la fuerza para caminar
sin saberlo tú,
alumbras con tu luz,
mi vida.
Mi pequeña,
mi querida,
mi pequeña vida mía.

Sólo por ti
mi mundo gira y quiero vivir
sin saberlo tú,
alumbras con tu luz,
mi soledad.

Y puedo caminar
sin miedo a nada,
y no temo a soñar
cada mañana.
Sí, canto para ti,
mi pequeña Estíbaliz…
                                                                              

A mi hija Estíbaliz










HOY, POR TI

Despacio, muy despacio…
Deprisa, muy deprisa,
vas colándote en mi vida,
vas robándome el espacio,
envolviéndote en la brisa…

Deprisa, muy deprisa,
un poco cada día,
vas robándome la calma,
te voy entregando el alma.
Y ya es tuya, vida mía.

Y hoy, por ti,
mi mundo es azul.
Y hoy, por ti,
mi mundo eres tú;
el sol, el mar,
la noche,… todo es un bello azul.

Y mientras tú me quieras,
mientras tú me ames,
y siempre que me sueñes
será azul.
Despacio, muy despacio…
Deprisa, muy deprisa,
vas colándote en mi mente
sin aviso y, de repente,
me siento tuyo…
                                                                              


José I. Hernández Meseguer
Memorias de un Naufragio





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