SEGUNDOS de MELANCOLÍA [1978 / 80]



TE AMO

Hoy voy a decirte que te amo.
Y voy a decírtelo sencillamente así: te amo.
Hoy necesito de ti.

A veces pienso que eres para mí,
como esa bellísima luz cálida al atardecer.
Como esa luz pálida y bordada en oro
que hierve en el horizonte.
Y me marca, sin darme cuenta,
la silueta y el camino,… mi camino.

Te estoy amando.
Me conduces, sin darte cuenta,
por tus veredas,
y es que,… te sigo amando.

Eres como esa playa blanca
donde, sin darme cuenta,
me vas llevando.
Como una ola perdida,
o como una gaviota herida…
¡Qué más da!
me muero amando.
                                                                   

J. Israel 19/6/78










LA MÚSICA

Esta música… me hace tanto recordar,
que me lleva a naufragar en un mar
poblado de nostalgias de amarga sal…

Mi habitación.
En el tocadiscos, una canción
de Clifford T. Ward,
o Pink Floyd,
o Bee Gees,
o Barry White.

Una melancolía
flotando en el aire:
hipocondría.
Me invaden las notas.
Mi vista, perdida y rota,
en el cielo del techo.

En mi pecho
una pena,
en mi arena,…
en mi arena,…
Dios mío ¿En mi arena, qué?
¿Qué sentía? ¿Por qué moría?

¿Qué sombra me abrasaba?
¿Qué silencio me ahogaba?
¿Qué dolor crepitaba?
Dios mío, Dios mío,… ¿de qué moría?
                                                                         

J. Israel 4/79










SOMBRAS

Sombras.
En esta tarde que se quema en el cielo,
siento sombras.
Sombras en esta tarde amarillenta.
Sombras que queman mis ojos.
Sombras en esta tarde cenicienta.
Sombras que hacen volar mis gaviotas
en esta tarde casi yerta
y polvorienta.
                                                                             

J. Israel 4/8/79










COMPAÑERA MÍA

… Porque tú, eres compañera mía,
parte de la bruma que hierve en el horizonte
enrojecido, y de la agonía
de mi aliento
en esta tarde que se me muere en silencio,…
de mi lamento.

Porque formas parte de ese atardecer
cargado de versos,
de soledad,… de mi cárcel de soledad,
de mis miradas errantes, vacías,
de mis lágrimas amargas, de mis gaviotas perdidas…

Y por que tú, compañera mía,
eres el destello sutil que iluminas mis días,
te amo.
Sí, te amo.

Te amo, porque eres mi playa
y yo, tu gaviota herida.
Te amo porque eres incienso en la neblina.
Te amo porque eres el camino
de mi pluma peregrina.

Porque haces más tierna mi soledad con tu mirada,
con esa mirada profunda,… lejana,
inquieta. Llena de rayos de luz.
Llena de un fuego
que abrasa mis dedos en celo.

Te amo, te amo compañera mía,
porque eres mi cielo más azul
y mi noche más ardiente
cuando me pierdo entre tu piel,…
cuando naufrago entre tu piel,…
lentamente.
                                                                     

J. Israel 11/9/79










AÑO NUEVO, SUEÑOS VIEJOS

Año Nuevo.
Un año nuevo de esperanzas.
Para mí, un año viejo
de ilusiones viejas.
Un año viejo de sueños viejos.
Truncados.
Perdidos en mi infancia.

Ilusiones que viajaron ante mí,
que pasaron delante de mi ventana
no sé qué absurdo día de mi vida
en el que debí
beberme toda la realidad
de un solo trago.
                                           
                                                                      
J. Israel 30/12/79










EL ÁRBOL Y EL OCASO

Le robé un minuto a la vida
para hablar de ti y de tu melancolía…
Porque te vi elevarte mudo
sobre el mundo,
y creciste sobre una ciudad
que quería sonreír para olvidar su tristeza.

Te elevaste con tus lanzas rotas
arañando un cielo pálido
que quiso llorar pero no pudo.
… Y el ocaso, que olvidó
que era Navidad, murió
en silencio...
                                                                      

J. Israel 31/1/80










EL ÁRBOL Y EL CREPÚSCULO

La tarde comenzó a dormirse
mientras, las calles en penumbra,
dejaron escapar un poco de soledad.
Y tú, entretanto, surgiste como un dios
de sangre negra.

Tus brazos se elevaron a un cielo
marchitado y frío
para pedir clemencia,
y tu cuerpo quedó rígido
mas no muerto.
Y así cabalgaste al cielo;
hasta que tú, tu soledad y el crepúsculo,
fuisteis uno solo.
                                                                             

J. Israel 31-1/1/80
                                                           









EN PENUMBRAS ESTÁ MI CASA

En penumbras está mi casa,…
en soledad está mi alma inquieta: sola.
Todo pasa.
Pero la soledad de mi alma
no pasa ni vuelve; siempre queda.

Esta tarde triste y apagada,
y el aliento amargo
que muerde el cristal de mi ventana,
me hacen sentirme aún más solo.
En silencio está mi casa,
en un silencio forzado y tenso.

Allá mi compañera,
embrión de mis sombras.
Aquí yo, del mar mis gaviotas preso.
Mar: mi camino eterno. Inalcanzable.
Tu vida: mi muerte.
Mi muerte: mi vida.
Mi muerte: cada día
vivir irremediablemente.
                                                                        

J. Israel 9/1/80










TE ARRASTRARÉ…

Te arrastraré por mis versos
y por mis besos…
Y también por estas paredes blancas
que hoy son testigos de mi soledad.

Te arrastraré sin poder olvidarte,
mas tampoco sin poder odiarte
pero te arrastraré como una cadena,
como una queja…O como una pena;
como un sueño imposible,
como una quimera.

Te llevaré enredado
entre mis manos,
en mi pluma,
entre mis silencios
como al fantasma
que llevo dentro de mi alma.

Te ahogaré en mi llanto,
y en mis vacíos.
Te llevaré surcando cielos de cobalto
y tardes encendidas.

Te hablaré de mis penas
mientras la luna llena
araña sus gélidos mantos.
Y veremos la bruma
devorar el alba
mientras me tiemblas
con miedo en el alma.

Y me pides sosiego,…
mientras me pides calma.
Sé que te arrastraré
como un jinete vencido
por la batalla herido.

Sé que morirás algún día
cuando mis ojos no vean sus gaviotas
y el mar sólo sea el mar.
Y, cuando mis sueños,
sólo sean soledad.
                                                                   

J. Israel 12/2/80










ME DIJO…

Me dijo; no puede ser, no puede ser,
y se marchó.
Y vistió de sombras mi casa,
y de quimeras mis sueños,
y mis quince años
de angustias y miedos.

Me dijo; no puede ser, no puede ser,
y se marchó.
Y naufragué en la noche,
y en mi almohada,
tan cargada
de ausencias de ti.
Me dijo, me hablaba de amor,
me hablaba, me hablaba,
me hablaba de amor
y yo, soñaba.

Me dijo; no puede ser, todo acabó
y se me fue.
Se me perdió en silencio,
en los dedos,
en mi cuarto,
en mi llanto,
en mis versos,…

Y ahora, a contraluz
de un montón de otoños,…
aún la hiere,
aún la llama,
a mi vieja alma
desgastada…

Me dijo…










EL SUICIDIO DE LA TARDE

Esta tarde que se suicida
en los brazos del silencio
me devuelve a golpes
a bóvedas confusas.
La brisa fresca me trae
olor a otras tardes
de larga hipocondría.
                                      
                                      
Un momento de principios de verano 1.980
                                                                          

J.Israel Hernández Meseguer
Segundos de Melancolía
Del Libro Memorias de un Naufragio



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